De los homosexuales también es el reino de los cielos.

Las iglesias y comunidades cristianas para la diversidad sexual y de género en México

Karina Berenice Bárcenas Barajas

Estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales CIESAS Occidente

E-mail: kb.barcenas@gmail.com

Recibido: Junio16, 2011, Aceptado: Julio 31, 2011

Resumen

La configuración de iglesias y comunidades cristianas para la diversidad sexual y de género constituye una de las expresiones a través de las cuales se construye el paso de la clandestinidad a la búsqueda de legitimidad de la diversidad sexual y de género. En este documento se analiza cómo la presencia de estas iglesias y comunidades cristianas se inserta en un movimiento con el que se busca el reconocimiento de la diversidad sexual y de género dentro del campo religioso cristiano. Se presenta un panorama sobre cómo en México, y de manera concreta en la ciudad de Guadalajara, estas iglesias y comunidades se colocan como espacios de resistencia ante la moral heterosexual que predomina dentro del campo religioso cristiano. Asimismo, se analiza cómo esta búsqueda de reconocimiento se intersecta con la secularización y la laicidad de las sociedades modernas.

Palabras clave: campo religioso, diversidad religiosa, diversidad sexual, secularización, laicidad.

Homosexuals also are the Kingdom of heaven.

Churches and Christian communities to sexual diversity and gender in Mexico.

Abstract

The churches and Christian communities configuration for sexual and gender diversity is one of the expressions which builds the underground passage to the legitimacy search for sexual and gender diversity. This paper examines how the presence of these churches and Christian communities is inserted into a movement that seeks the recognition of sexual and gender diversity within the Christian religious field. It presents an overview of how in Mexico, and specifically in Guadalajara city, these churches and communities are placed as resistance spaces to the heterosexual morality that prevails in the Christian religious field. It also examines how this continues search for recognition is intersected with modern society’s secularization and laicity.

Keywords: religious field, religious diversity, sexual diversity, secularization, laicity.


Preámbulo

El paso de la clandestinidad a la búsqueda de legitimidad por personas con identidades sexuales y de género no heterosexuales se ha manifestando en la defensa de su presencia en los espacios públicos, en la exigencia a las instituciones políticas del Estado para que reconozcan su derecho al matrimonio igualitario y a tener una familia y, quizá de manera menos evidente, en la configuración de iglesias o comunidades cristianas para la diversidad de identidades sexuales y de género.

Partiendo del hecho de que en México existen al menos 14 iglesias o comunidades cristianas para la diversidad sexual y de género, en este documento se analiza cómo la presencia de estas iglesias y comunidades cristianas se inserta en un movimiento que busca el reconocimiento de la diversidad sexual y de género dentro del campo religioso cristiano, que se ha caracterizado, predominantemente, por un marco moral cimentado en la heterosexualidad y el modelo de familia nuclear, tal como sucede con la iglesia católica.

Asimismo, se analiza cómo la búsqueda de la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero e Intersexual (LGBTTI) por adscribirse a las iglesias o comunidades cristianas para la diversidad sexual y de género se relaciona con la laicidad y la secularización de las sociedades modernas, ya que por una parte los grupos de la comunidad LGBTTI han sido una de las fuerzas principales en la lucha para construir un Estado laico en el que se garantice la separación de las iglesias en las decisiones tomadas dentro de las instituciones políticas del Estado, pero por otra parte, desde esta comunidad también se inicia un camino con el que buscan el reconocimiento dentro de las iglesias cristianas, lo que a su vez viene a mostrar la importancia de la religión en el mundo contemporáneo, y desde la subjetividad la trascendencia de conciliar la identidad sexual y de género con las formas de creer, de ser y de estar dentro de las iglesias.

1. Las iglesias y comunidades cristianas para la diversidad sexual y de género en México

En México el incremento de la diversidad religiosa así como la creciente visibilidad de la diversidad identidades sexuales y de género se entrelazan para mostrar cómo, a diferencia de lo que el catolicismo ha establecido históricamente, en algunas iglesias y comunidades del campo religioso cristiano se produce una inclusión a la diversidad, a través de marcos morales en los que la heterosexualidad deja de ser el eje articulador de las normas, de los valores y de las representaciones que marcan el bien y el mal, lo aceptado y lo no aceptado, lo sancionable y lo que se inscribe dentro de la libertad individual. Para algunos, este puede ser un hecho sorprendente si consideramos que hasta 1973 la American Psychology Association (APA) consideraba la homosexualidad como una enfermedad mental, mientras que la Organización Mundial de la Salud (OMS) hasta 1990 excluyó la homosexualidad de la Clasificación Internacional de Enfermedades y otros problemas de salud.

La búsqueda de reconocimiento de la diversidad sexual y de género dentro del campo religioso cristiano se coloca entre dos momentos estructurales que a su vez intervienen en la demarcación de las fronteras de las relaciones sociales y entre instituciones sociales como la familia, la iglesia y el Estado. El primero, se ubica en una etapa coyuntural en la que el género como una construcción social que establece roles y pautas de interacción, abre paso a la visibilidad de una diversidad de formas para construir la identidad sexual y de género quebrantando los esquemas establecidos. El segundo momento se ubica en la creciente diversidad religiosa que en las últimas décadas ha caracterizado a México ante el resquebrajamiento cada vez más fuerte de la iglesia católica. De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2010 [1] el 83.9% de la población en México es católica, mientras que en el año 2000 constituyó el 88% (lo que representa una disminución de 4.1 puntos porcentuales en un periodo de 10 años).


Para Pierre Bourdieu [2:42] el campo religioso es un espacio ocupado por un cuerpo de especialistas que compiten por la gestión de los bienes de salvación. De acuerdo con Bourdieu [2:37] la constitución de un campo religioso relativamente autónomo está en una relación de interdependencia y reforzamiento recíproco con una necesidad de “moralización” y de “sistematización” de las creencias religiosas a través de las cuales legitiman las propiedades asociadas a un tipo determinado de condiciones de existencia y de posiciones en la estructura social ya que “las funciones sociales que la religión cumple para un grupo o una clase se diferencian necesariamente en función de la posición que ese grupo o esa clase ocupan a) en la estructura de las relaciones de clase y b) en la división del trabajo religioso”.

Por lo tanto, para analizar las reconfiguraciones del campo religioso cristiano en el contexto de la coyuntura de la diversidad religiosa así como de la diversidad sexual y de género, resulta fundamental identificar las relaciones que se establecen entre el poder hegemónico, ejercido principalmente desde la jerarquía de la iglesia católica, y el poder que se expresa como resistencia, [3:181] a través de las iglesias y comunidades cristianas para la diversidad sexual y de género, en las disputas por el monopolio de los bienes de salvación, ya que las prácticas de resistencia que se construyen ante el poder hegemónico nos sitúan ante lo que Bourdieu [2:65] identifica como una movilización de los intereses religiosos virtualmente heréticos, intereses que subvierten el marco moral heterosexual que predomina en el campo religioso cristiano.

De acuerdo con Bourdieu [2:65] esta movilización de los intereses religiosos virtualmente heréticos sólo es posible por el “efecto de consagración que ejerce el solo hecho de la simbolización y de la explicitación, para contribuir a la subversión del orden simbólico establecido (i.e. sacerdotal) y al ordenamiento simbólico de la subversión de ese orden, i. e. a la desacralización de lo sagrado (i. e. de lo arbitrario “naturalizado”) y a la sacralización del sacrilegio (i.e. de la transgresión revolucionaria)”.

Aún cuando la búsqueda de reconocimiento de la diversidad sexual y de género dentro del campo religioso cristiano constituye una fuerza minoritaria, ya que algunas de las iglesias están conformadas como micro comunidades, tiene un gran potencial de expansión si consideramos el momento coyuntural que representa la búsqueda de reconocimiento y la legitimidad de la diversidad sexual y de género en distintas instituciones y espacios sociales.

Actualmente, dentro del campo religioso cristiano se pueden identificar tres grandes tendencias en torno a la diversidad sexual y de género, que a su vez dan cuenta de los quiebres y las fracturas que se producen dentro del cristianismo por una legitimación y moralización heterogénea, yuxtapuesta e incluso contradictoria de creencias y prácticas religiosas. Estas tres tendencias corresponden a:

1. Las iglesias cristianas que surgen para la diversidad sexual y de género, como las Iglesias de la Comunidad Metropolitana (ICM).

2. Las iglesias cristianas que son inclusivas con la diversidad sexual y de género, es decir, que no se crearon para adscribir a las personas con identidades no heterosexuales, pero que recientemente han incluido la diversidad sexual y de género dentro de sus marcos morales, como la Parroquia Anglicana de San Marcos en Guadalajara.

3. Las iglesias que no aceptan la diversidad sexual y de género manteniendo sus marcos morales únicamente desde la heterosexualidad asociada con los roles tradicionales asignados a los hombres y a las mujeres. En esta tercera tendencia se ubican la mayor parte de las iglesias que conforman el campo religioso cristiano como la iglesia católica romana, los judíos, los mormones, por mencionar algunos ejemplos.

En este contexto, es que estamos ante un campo religioso cristiano que no sólo expresa su heterogeneidad en la diversidad de iglesias que lo constituyen, sino también en las posturas que se construyen en torno a la moral, a la sexualidad, al género, espacios en los que las iglesias y comunidades cristianas para la diversidad sexual y de género, han conquistado una posición colocándose en las disputas por la construcción de otros marcos morales a través de los cuáles sea posible cambiar la visión legítima del mundo, las maneras de hacer el mundo y las operaciones por las cuales los grupos son producidos y reproducidos. [4:140]

A partir de una exploración etnográfica en Internet, [5] se identificó en México la presencia de 14 iglesias o comunidades para la diversidad sexual y de género, además de ICM. Establecer una distinción entre ICM y el resto de las iglesias y comunidades cristianas para la diversidad sexual y de género es importante si consideramos que ICM es una de las iglesias con presencia más fuerte en México y en otras regiones como Estados Unidos, Latinoamérica y algunos países de Europa. Esta iglesia surge en California, Estados Unidos, en 1968, su fundador es el Reverendo Troy Perry, un hombre gay que después de un intento de suicidio a causa de una relación amorosa fallida, siente que su misión es pastorear una iglesia para gays y lesbianas. El primer servicio religioso de ICM se realizó el 6 de octubre de 1968, en la casa de Troy Perry en California, con la asistencia de 12 personas. Para la quinta semana ICM ya contaba con 22 asistentes. [6]

Dentro de los principales ministerios religiosos de ICM se encuentran: la realización de matrimonios entre personas del mismo sexo, el ministerio transgénero, el ministerio contra las adicciones, el ministerio VIH-SIDA, el ministerio de justicia global, destinado a la defensa de los Derechos Humanos, el ministerio enfocado a combatir el estigma contra las personas homosexuales y transgénero a través del programa que lleva por título

¿Jesús discriminaría? y el ministerio ecuménico e interreligioso.

Actualmente, ICM tiene una membresía de más de 43, 000 miembros, distribuidos en 250 iglesias alrededor del mundo. Los clérigos(as) de ICM celebran más de 6, 000 bodas anualmente entre parejas del mismo sexo, a través de la ceremonia matrimonial conocida como Santa Unión. Además, el 50.5% de los clérigos de ICM son mujeres, “el mayor porcentaje que cualquier otra denominación cristiana”. [6]

México, forma parte de ICM Región Iberoamérica, la cual tiene presencia en 10 países con 16 grupos e iglesias. Actualmente, ICM tiene presencia en México a través de la Iglesia Casa de Luz ICM, en Monterrey y de dos grupos de oración y estudio bíblico, uno en Guadalajara y otro en Piedades negras. Hasta el momento, casa de luz en Monterrey constituye la presencia más fuerte de ICM en México, ya que es la única que tiene el carácter de iglesia desde 1998.

A continuación se presenta un mapa (figura 1) que permite ubicar con mayor claridad la presencia en México de las denominaciones cristianas para (o inclusivas con) la diversidad sexual y de género.

De las 14 iglesias y comunidades identificadas en México, sólo dos son inclusivas con la diversidad sexual y de género (Parroquia Anglicana de San Marcos <Gdl.> e Iglesia de la Santa Muerte <D. F>). De las 12 restantes llama la atención que cuatro se identifican como denominaciones católicas (Comunidad Católica Vino Nuevo <D. F.>, Comunidad San Elredo. Grupo Católico Lésbico-Gay <Saltillo>, Grupo de Oración de Gays Católicos de Querétaro e Iglesia Católica Apostólica Antigua <Saltillo>). Con excepción de la Comunidad San Elredo, que forma parte de la pastoral de la Diócesis de Saltillo, la denominación “católica” de los tres grupos restantes no necesariamente implica que formen parte de la iglesia católica romana.

La comunidad San Elredo, es comandada por el obispo de Saltillo, Raúl Vera, quien ha hecho un llamado a la sociedad para “desterrar los prejuicios… y quitarnos todas esas marañas” en relación con los homosexuales. [7] Raúl Vera también “ha participado en la reunión nacional de Ministerios Católicos Gays de Estados Unidos (NACDLGM) (Católico y Gay, S/A), coordinando una mesa de trabajo con hispanos”. Por otra parte, Afirmación Mormones Gays y Mormonas Lesbianas de México <D. F.> y Shalom Amigos Judíos LGBT de México <D. F.> se colocan como grupos disidentes de las posturas oficiales de mormones y judíos.

Fig. 1. Iglesias y comunidades cristianas para la diversidad sexual y de género en México.

La exploración etnográfica en Internet, también develó que en 16 países de Iberoamérica existen al menos 71 comunidades e iglesias cristianas para la diversidad sexual y de género, además de ICM (fig. 2). Los 16 países que integran el registro para la región iberoamericana son: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Perú, Puerto Rico, Uruguay y España.

Fig. 2. Grupos e iglesias cristianas inclusivas con la diversidad sexual y de género (sin ICM) en Iberoamérica


De estos países, México está en la primera posición con 14 comunidades e iglesias, le siguen Argentina con 11 y Colombia con 8. También, destaca la presencia de seis comunidades e iglesias en España y de cinco grupos e iglesias en Brasil, Chile y Puerto Rico. Por el contrario, en Bolivia, Guatemala y Panamá se identificó sólo una comunidad o iglesia.

Las manifestaciones de la diversidad sexual y de género para su reconocimiento también se expresan a través de la relativización de los contenidos religiosos, tal como ocurre con el Santoral GLTTB. Calendario de Recordación de Santos y Santas GLTTB, realizado por Roberto González, [8] reverendo del Centro Cristiano de la Comunidad GLTTB en Buenos Aires, Argentina. El Santoral GLTTB está compuesto por 41 días festivos dedicados a 41 santos. Figuran santos reconocidos dentro del cristianismo como San Jorge, San Agustín, Santa Ana, así como “el día de todos los santos y las santas”. Pero también se incluye a San Elredo de Rievaulx, abad (enero 12), quien da nombre a una de las comunidades católicas para la diversidad sexual y de género en México, a San Sergio y San Baco Mártires (octubre 8) así como a Ruth y Noemí (diciembre 20), dos parejas a quienes se ha ubicado como patrones de las parejas del mismo sexo.

Estas prácticas de resignificación religiosa permiten destacar la centralidad del discurso religioso para subvertir un orden simbólico establecido dentro del campo religioso cristiano, ya que desde la perspectiva de Bourdieu [2:33] la relevancia de la relación entre el mensaje religioso y las funciones que cumple se debe a que:

“estas ‘funciones sociales’… tienden siempre más a transformarse en funciones políticas, a medida de que… las divisiones que opera la ideología religiosa vienen a recubrir (en doble sentido del término) las divisiones sociales en grupos o clases concurrentes o antagonistas”.

Sin embargo, desde la perspectiva de Bourdieu la relación entre las funciones sociales y políticas sólo ocurre en términos de la reproducción social, es decir inculcando un habitus religioso en el que se interiorizan los valores y las representaciones impuestas desde las clases, grupos e instituciones con poder dominante. Bourdieu [2:37] considera:

“que la religión contribuye a la imposición (disimulada) de los principios de estructuración de la percepción y del pensamiento del mundo y, en particular, del mundo social, en la medida en que ella impone un sistema de prácticas y de representaciones cuya estructura, objetivamente fundada en un principio de división política, se presenta como la estructura natural-sobrenatural del cosmos”, pero ¿qué pasa cuando el sistema de prácticas y representaciones se modifica en función de una dinámica social en la que algunas personas con identidades LGBTTI, adscritos también al cristianismo, se posicionan como agentes capaces de producir una diferencia en un orden simbólico en el que han sido excluidos y discriminados? Esta perspectiva, centrada en la resistencia, como ejercicio del poder por parte de los agentes LGBTTI nos sitúa ante otros procesos a través de los cuales se reconstruyen y se resignifican las funciones sociales y políticas de la religión.

2. La búsqueda de reconocimiento de la diversidad sexual y de género en el campo religioso de la ciudad de Guadalajara

En la ciudad de Guadalajara, la presencia de la iglesia católica en conjunto con los intereses de algunos grupos políticos influyó durante siglos en el arraigo de un discurso conservador sobre la moral sexual, impregnando las representaciones sobre el honor y las buenas costumbres, pero sobre todo, implantando en sus habitantes una mirada que toma como misión inspeccionar, señalar y denunciar las prácticas de los otros. Esta herencia conservadora mantuvo invisibilizados durante siglos, a quienes construyeron su identidad sexual y de género fuera de los límites que marcaba el orden establecido.


Es hasta después de la segunda mitad el siglo XX que se avanza hacia la visibilización y organización de los grupos que buscan el reconocimiento de la diversidad sexual y de género en diferentes espacios, ante diversas instituciones como el Estado y de manera más reciente dentro de algunas iglesias posicionadas en el campo religioso cristiano. El discurso conservador enfrentó de manera más contundente uno de sus primeros resquebrajamientos con la organización del movimiento a favor de los derechos de la diversidad sexual.

En Guadalajara, el movimiento lésbico-gay empezó a consolidarse, clandestinamente, desde los años setenta, colocándose como uno de los más importantes del país. En 1983 y 1985 se realiza la primera y la segunda marcha por los derechos de la diversidad sexual en esta ciudad. Sin embargo, transcurrieron 14 años para que se realizara la tercera marcha. De 1985 a 1999 el activismo por la diversidad pasó por un periodo de eclipsamiento, influenciado en gran medida por las represiones de las fuerzas conservadoras, quienes en 1991 impidieron que se realizara el Congreso Internacional de Lesbianas y Gays, organizado por la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersexuales (ILGA). [9]

Desde 1999 hasta la fecha las marchas por los derechos de la diversidad sexual se han realizado ininterrumpidamente, aunque marcadas por la resistencia de los grupos conservadores, quienes aún con su defensa de las “buenas costumbres”, no han podido frenar el crecimiento y consolidación de esta manifestación, ya que de los 9 mil asistentes registrados en la marcha de 2004 el número de asistentes se incrementó hasta las 20 mil personas durante la XV Marcha de la Diversidad Sexual, realizada el 11 de junio de 2011.

En Guadalajara la visibilidad, la búsqueda de reconocimiento y legitimidad de la diversidad sexual y de género se ha desplegado a la par de otra manifestación de la diversidad, es decir, el aumento y la consolidación de la diversidad religiosa en la ciudad. El siglo XX, sobre todo en sus últimas dos décadas, mostró el tránsito del monopolio católico hacia la proliferación de diversas ofertas religiosas, [10] desde las cuales los habitantes de la ciudad podían construir o resignificar sus creencias, sus sentidos sobre lo trascendente así como redimensionar el peso de las instituciones religiosas en las acciones que marcan su ser y estar con los otros.

La tendencia hacia la pluralización de la oferta religiosa en la ZMG se mantiene durante la primera década del siglo XXI, un hecho significativo si consideramos que durante este periodo de tiempo Guadalajara también se configuró como una ciudad en la que se pluralizaron los contextos culturales en los que se construye y se expresa la identidad, recordemos que es precisamente desde el año 2000 que el movimiento LGBTTI se reposiciona en la ciudad así como en las agendas y en los debates políticos y religiosos.

Un elemento que permite dar cuenta de la diversidad religiosa en Guadalajara está relacionado con los centros de culto inmersos en la geografía de la ciudad. Actualmente, el número de centros de culto no católicos (449) casi iguala al total de centros de culto católicos (490), lo que revela un asombroso posicionamiento de las ofertas no católicas en la ciudad, aunque no necesariamente se traducen en una competitividad igualitaria con la iglesia católica. [10:212-213]

En el contexto de un campo religioso predominantemente cristiano, en Guadalajara la oferta religiosa para la diversidad sexual y de género está conformada por dos denominaciones religiosas: la Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM) y la Parroquia Anglicana de San Marcos, la primera con presencia en Guadalajara desde 1985 y la segunda desde 1973, aunque su inclusión con la diversidad sexual y de género se remonta aproximadamente al año 2003.

En Guadalajara, la historia de ICM, inicia en el año de 1985 en la Colonia Chapalita, su fundador fue Tomás García, quien estuvo a cargo hasta 1995. Durante esta etapa el grupo estuvo formado por aproximadamente 40 asistentes. La presencia de ICM “Santa Cruz” en Guadalajara representó la primera posibilidad para la comunidad LGBTTI de tener un lugar en el que pudieran expresar su identidad sexual y de género así como sus creencias religiosas.

Desde la década de los 90, en Guadalajara se empezaron a realizar de manera clandestina los matrimonios entre personas del mismo sexo conocidos como “santas uniones”. Adolfo, quien celebro su matrimonio en ICM señala que con el tiempo las “santas uniones” fueron tomadas con precaución por algunos de los integrantes de ICM ya que la mayoría de las parejas que se casaba pasaba por matrimonios cortos en comparación con los años de relación. En el caso de Adolfo, fueron 21 años de relación y dos años de matrimonio. Sin embargo, más allá de la duración del matrimonio, la celebración de las “santas uniones” se convirtió en una práctica de resistencia ante la moral heterosexual proclamada por la iglesia católica.

Desde el año de 1995 hasta el año 2009 David Limón estuvo a cargo de ICM “Santa Cruz”, lo que a su vez implicó un desplazamiento de la zona de Chapalita a la calle de Medrano, en la zona centro de Guadalajara. David Limón lideró un grupo que variaba entre los 50 y 80 asistentes. Durante los 14 años que estuvo al frente de la iglesia, se pueden ubicar acontecimientos que dan cuenta de las dificultades de crecimiento que enfrentó este grupo por las disputas por el poder y el liderazgo en su interior.

1. El primer momento ocurre de 2003 a 2006 cuando ICM se une con la Iglesia Ecuménica Transfiguración, otra iglesia para la diversidad sexual y de género que posteriormente desaparece del campo religioso tapatío.

2. El segundo momento se sitúa en 2004, cuando Tomás García, fundador del primer grupo, forma un segundo grupo, ICM Guadalajara (con aproximadamente 15 integrantes), que se separa de ICM Santa Cruz.

3. El tercer momento se ubica en 2008, cuando se forma el grupo de ICM que actualmente está reconocido ante la fraternidad de iglesias y con el que se pretende construir una nueva historia de la presencia de esta iglesia en la ciudad.

Aún cuando ICM ha estado presente en Guadalajara desde 1985, es decir por más de 25 años, muestra una historia de fragmentaciones, de dificultades de crecimiento y disputas por el poder entre sus líderes. Para el Reverendo Héctor Gutiérrez, obispo auxiliar para las iglesias de ICM en Iberoamérica, historias como la de ICM en Guadalajara, se deben sobre todo a la falta de formación, en el sentido de que personas que no tienen una preparación eclesiástica toman el papel de pastor, así como a la falta de un liderazgo sincero en el que los líderes permitan que otras personas entren y también asuman ciertos liderazgos.

Para contrarrestar la falta de formación, ICM abrió en este año el Instituto de Formación de Liderazgo Iberoamericano de las Iglesias de la Comunidad Metropolitana. Este instituto, que ofrece sus servicios a través de Internet, tiene dos modalidades de formación, tanto de quienes sienten el llamado para ser clérigos ordenados y para quienes como laicos quieren ser líderes preparados.

La relación de ICM con los activistas de la ciudad .

La relación que los líderes de ICM han construido con los activistas de la ciudad, ha sido variable dependiendo de la etapa de ICM. De acuerdo el Reverendo Héctor Gutiérrez: cuando Tomás García fue el líder, la relación con los activistas fue muy buena de hecho los activistas de la ciudad están muy agradecidos con el pasado de ICM porque si alguien se animó a dar la cara, te estoy hablando a finales de los 80 o principios de los noventa, en un medio de comunicación era el pastor de ICM, Tomás García. Una de las primeras parejas que se casó en ICM me decía si algo le reconocemos a ICM es que en su momento, cuando nadie se animaba a dar la cara, porque iba a salir quemado o raspado, Tomás García nunca se avergonzó.

En el periodo que David Limón estuvo a cargo de ICM también se identifica una estrecha relación de la iglesia con el activismo, ya que en esta etapa ICM se da a conocer como un grupo de activistas, pero que se separa de los intereses políticos de otros grupos. En entrevista con César Octavio González Pérez, [11:12] David Limón comentó:

“la cuestión política no nos interesa, porque hablar de política nos perjudica, pero hablar de activismo es diferente. La Biblia es activista; el mensaje de Jesús es activista. Nosotros no nos unimos a otros grupos a hacer activismo, sino que los otros grupos nos han buscado porque saben que somos una Iglesia internacional 100% activista”.

Actualmente los líderes de ICM han retomado el contacto con los activistas de la ciudad para colaborar en conjunto, pero esto no ha sido fácil, sobre todo en el caso de los que piensan que ICM busca a los activistas para “aprovecharse”, para beneficiarse de su presencia. Esta situación no es sólo exclusiva de Guadalajara, más bien, hasta cierto punto, es común a la región latinoamericana. De acuerdo con el Reverendo Héctor Gutiérrez, en general, en América Latina la relación con los activistas no es tan buena como en Estados Unidos, donde las iglesias de ICM son los lugares de reunión de algunos activistas de la ciudad, o en Europa, donde gracias a la labor de los activistas ICM es conocida como la iglesia de los Derechos Humanos.

Es precisamente en el marco de la defensa de los Derechos Humanos como se han producido acercamientos entre los activistas y una iglesia como ICM, colocándose a su vez como una opción religiosa para la comunidad LGBTTI, ya que por ejemplo, las iglesias de ICM en Nicaragua y Buenos Aires son miembros de la ILGA. En el caso de México destaca la presencia de ICM en las marchas para la diversidad sexual y de género, en la Ciudad de México en 1982, durante la IV marcha de la diversidad sexual y de género, y en Guadalajara durante los años 2000 y 2001, durante la IV y V marcha de la diversidad sexual y de género. [11, 12:78]

La historia del grupo de ICM que actualmente tiene presencia en Guadalajara está por escribirse, por lo que puede ser que en etapas posteriores se logre un trabajo en conjunto con los grupos de activistas de la ciudad, sin embargo otro escenario posible consiste en que la pertenencia a ICM forme y consolide otro tipo de activismo, tal como lo planteaba David Limón.

Actualmente ICM intenta escribir una nueva historia en Guadalajara, con un grupo en el que el promedio de asistentes es de 15 personas, con edades que van de los 20 a los 60 años. En esta “nueva” etapa de ICM un hecho clave es que todos los asistentes del grupo son hombres.

De manera más reciente se ha incorporado al grupo Francisco, un hombre heterosexual, casado y con hijos. La presencia de Francisco ha llevado a los líderes del grupo a que en reiteradas ocasiones comenten que “este es un grupo cristiano, principalmente para gente gay, pero abierto a todas las personas que quieran asistir”. Francisco ha agradecido al grupo por permitirle formar parte de ICM, “no es casualidad que yo esté aquí, mi padre Dios por algo me puso aquí”. Para Francisco, ser parte de ICM es “la oportunidad de poder vivir la palabra de Dios, el amor a Dios, porque una cosa es lo que dice la Biblia, pero otra es vivir la palabra, amar a mis hermanos, sin importar cómo son o si son o no son”.

Otra de las características que distingue a ICM en esta nueva etapa es la relación ecuménica que se ha establecido con la Parroquia Anglicana de San Marcos, ya que ambas iglesias participan de manera conjunta en sus actividades, es decir, los pastores y feligreses de una iglesia participan en las actividades de la otra y ambas tienen el propósito integrar en sus iglesias a aquellos que han sido estigmatizados o discriminados por tener una identidad de género distinta a la heterosexual.

El marco moral que se predica en la Parroquia anglicana de San Marcos, y que no necesariamente es compartido por toda la iglesia anglicana en México, por la independencia de sus diócesis, también ha implicado rupturas con la perspectiva más tradicional y ortodoxa dentro del cristianismo. Para el sacerdote Manuel Sonora, [13] encargado de la Parroquia Anglicana de San Marcos, la homosexualidad no es un pecado porque está fuera de la voluntad del individuo. Incluso considera que la interpretación de los textos bíblicos ha sido tendenciosa en detrimento de los homosexuales. Sin embargo, aún cuando su parroquia es inclusiva con la diversidad sexual y de género, el rito matrimonial sólo se efectúa entre un hombre y una mujer, mientras que para las parejas de homosexuales se realiza un ritual en el que se bendice a la pareja.

A través de la presencia de ICM y de la Parroquia Anglicana de San Marcos en Guadalajara se instituyen espacios en los que es posible la construcción de una agencia que promueve una diferencia en la moral heterosexual que domina dentro del campo religioso cristiano, al mismo tiempo que se construye un poder que se coloca como resistencia ante el poder hegemónico de la iglesia católica, ya que es en estos espacios en los que reflexionan sobre el hecho de ser homosexuales y cristianos: “qué le dirían a alguien que les dijera que no pueden ser hijos de Dios ni estar en una iglesia por ser gays”, “cuántas veces me dijeron que ser cristiano y gay no era posible, ahora les puedo decir que eso es posible que todo es posible en el nombre de Dios”.

3. La búsqueda de reconocimiento de la diversidad sexual y de género en el campo religioso cristiano: un movimiento entre la secularización y la laicidad

La búsqueda de la comunidad LGBTTI por adscribirse a las iglesias y comunidades cristianas forma parte de una dinámica social, de un movimiento que es necesario analizar en la intersección de los debates sobre la secularización y la laicidad, ya que la búsqueda de reconocimiento dentro del campo religioso cristiano podría parecer contradictoria con la lucha de una gran parte de los activistas LGBTTI por la construcción de un Estado laico que garantice la separación de las iglesias en las decisiones tomadas dentro de las instituciones políticas del Estado.

Sin embargo, la lucha por la construcción de un Estado laico en México, no es incompatible o incoherente con la búsqueda de reconocimiento de la diversidad sexual y de género dentro del campo religioso cristiano, ya que para gran parte de la comunidad LGBTTI la lucha por la construcción de un Estado laico es antagónica con la institución eclesiástica y su jerarquía, pero no con Dios. Aún cuando algunos integrantes de la comunidad LGBTTI llevan a cabo una ruptura no sólo con la institución religiosa católica, sino también con sus creencias, otros deciden vivir de manera clandestina su identidad sexual y de género diversa dentro del catolicismo manteniendo sus creencias religiosas, mientras que algunos más deciden formar parte de las iglesias y comunidades cristianas en las que se reconozca su identidad no heterosexual.

Por lo tanto, la lucha por la construcción de un Estado laico, no se traduce en una perdida de lo religioso, ya que las acciones y demandas de quienes integran el movimiento LGBTTI, no necesariamente implican la renuncia a sus creencias religiosas. Más bien, la búsqueda de reconocimiento de la diversidad sexual y de género dentro del campo religioso cristiano viene a mostrar la importancia de la religión en el mundo contemporáneo y desde la subjetividad la trascendencia de conciliar la identidad sexual y de género con las formas de creer, de ser y de estar dentro de las iglesias.


Tanto la lucha por la construcción de un Estado laico como la búsqueda de reconocimiento de la diversidad sexual y de género dentro del campo religioso cristiano son manifestaciones de la secularización de la cultura y de la moral establecida en gran medida por la iglesia católica, ya que por una parte, como lo plantea Hervieu-Léger [14:20,21,37,43] la secularización no es la pérdida de la religión en el mundo moderno. La secularización implica el:

“proceso de reorganización del trabajo de la religión en una sociedad que no puede llenar (no temporalmente, sino estructuralmente) las expectativas que hace suscitar para existir como ella, y que no puede todavía responder (no temporalmente, pero estructuralmente) a las incertidumbres que resultan de la búsqueda interminable de medios de satisfacción de las expectativas”. [15]

La secularización consiste en la combinación: “de manera compleja, [de] la pérdida de dominio de los grandes sistemas religiosos sobre una sociedad que reivindica su plena capacidad de orientar por sí misma su destino, y la recomposición, bajo una nueva forma, de las representaciones religiosas que han permitido a esta sociedad pensarse a sí misma como autónoma”. [14:37] En función de esta búsqueda de autonomía de la sociedad para pensarse a sí misma, es que Dobbelaere [16:4-6] identifica la laicización de las instituciones como una expresión de la secularización.

En México, las manifestaciones de la secularización en relación con la pérdida de dominio de los grandes sistemas religiosos, en los sentidos que los mexicanos construyen sobre la diversidad sexual y de género muestran un avance significativo. Por ejemplo, de acuerdo con la Encuesta sobre Opinión Católica en México realizada en 2003 [17] el 65% de los encuestados señaló que estaría de acuerdo con que la iglesia católica aceptara el derecho de lesbianas y gays para expresar su orientación sexual de forma abierta.

Sin embargo en temas relacionados con la convivencia más cercana con los homosexuales o con la construcción de familias por parejas del mismo sexo, todavía se hace visible el estigma hacia los homosexuales, mostrando la imagen de un país dividido, entre quienes se encuentran a favor y en contra de estas acciones. La Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (ENADIS) 2010 [18] señala que cuatro de cada diez mexicanas y mexicanos no estarían dispuestos a permitir que en su casa vivieran personas homosexuales.

Sobre la adopción por parejas del mismo sexo la Enadis 2010 reveló que ocho de cada diez personas de más de 50 años están en desacuerdo y muy en desacuerdo con que se permita a las parejas de hombres homosexuales adoptar niñas y niños. Siete de cada diez personas entre los 30 y 49 años de edad opinan lo mismo. Aún cuando existe una mayor aceptación a la adopción por parte de parejas de mujeres lesbianas frente a las parejas de hombres homosexuales, la mayor parte de los mexicanos está en contra de esta práctica, ya que siete de cada diez personas de más de 40 años están en desacuerdo y muy en desacuerdo con permitir que parejas de mujeres lesbianas adopten niñas y niños. Mientras que seis de cada diez personas que se encuentran en los rangos de edad de entre los 12 y los 39 años tienen la misma opinión.

Pero ¿cómo se ha producido esta desregulación de las instituciones religiosas?, si como lo plantea Hervieu-Leger [14:33-34] las sociedades occidentales han sacado, en parte, sus representaciones del mundo y sus principios de acción de su propio mantillo religioso. Desde la perspectiva de Berger y Luckmann [19] se puede decir que esto ha sido posible gracias al pluralismo de las sociedades modernas y al dinámico proceso de construcción de sentido que permite la resignificación de la realidad social.

El pluralismo moderno quebranta los conocimientos dados por supuesto. El mundo, la sociedad, la vida y la identidad personal son cada vez más problematizados. Pueden ser objeto de múltiples interpretaciones y cada interpretación define sus propias perspectivas de acción posible. Ninguna interpretación, ninguna gama de posibles acciones puede ser ya aceptada como única, verdadera e incuestionablemente adecuada. [19:80]

El pluralismo de las sociedades modernas, se traduce en una pluralidad de sistemas de valores y por ende, en la existencia simultanea de comunidades de sentido completamente diferentes. [19:57] En las sociedades que presentan la coexistencia de sistemas de valores y comunidades de sentido completamente diferentes, como se puede plantear ocurre en una ciudad como Guadalajara, y de manera más amplia en país como México, caracterizado por la diversidad religiosa así como por la diversidad sexual y de género, sucede que los valores que anteriormente fueron compartidos, aplicados de manera general y administrados por instituciones como las religiosas, dejan de ser válidos para todos, ya no penetran con la misma intensidad, ni logran armonizar todas las esferas de la vida con la misma intensidad. [19:53]

El proceso de secularización en relación con la modernidad y el pluralismo de las sociedades modernas, permite plantear, que en una sociedad cada vez más secularizada y plural la producción religiosa presenta características que la diferencian de épocas anteriores. Para Mardones [20:34-35] la religión en la modernidad tardía se caracteriza por una preocupación creciente por el significado y el propósito de la vida, por ser una religiosidad que pone énfasis en el individuo, que pasa por la experiencia afectiva en comunidades emocionales, por ofrecer una salvación <<aquí y ahora>>, por no tener problemas de ortodoxia.

La existencia de iglesias o comunidades cristianas para (o inclusivas con) la diversidad sexual y de género se puede explicar a través de las anteriores características que Mardones identifica, ya que la adscripción a estas iglesias da cuenta de una religiosidad en la que el énfasis está en el individuo, quien posee la capacidad para elegir sus creencias y prácticas religiosas. Además, considerando la estigmatización, discriminación y exclusión que los homosexuales, bisexuales y transgénero han tenido por parte de las grandes iglesias cristianas, como la católica, estas iglesias inclusivas representan también una comunidad emocional en la que pueden reconciliar su identidad sexual y de género con sus creencias religiosas, que ya no pasan por la ortodoxia impuesta desde la hegemonía de las grandes iglesias. Como lo señala Mardones: [20:50] “la religión se presenta hoy, no tanto como una herencia cultural que se recibe, cuanto como el resultado de una búsqueda, de un encuentro o de una elaboración personal. La religión se individualiza y se subjetiviza”.

Siguiendo a Mardones [20:59] también se puede plantear que la discriminación, estigmatización e invisibilización de la diversidad sexual y de género se han convertido en un lugar de reencantamiento de lo religioso, por ser áreas en las que la modernidad muestra su rostro desfigurado o problemático.

Reflexiones finales

Lo dicho hasta este momento muestra la imagen de un campo religioso cristiano heterogéneo en las posturas morales sobre la sexualidad, sobre el género, y en reconfiguración por la coyuntura que ha representado la diversidad religiosa y la diversidad sexual y de género. Es decir que, estamos ante un campo religioso cristiano en el que se fortalece un poder que se traduce en resistencia ante el ejercicio de los poderes hegemónicos, como el de la jerarquía de la iglesia católica.

La capacidad de agencia de quienes integran las iglesias y comunidades cristianas para la diversidad sexual, nos coloca frente a un escenario en el que se redefinen las fronteras desde las cuales se pensó la presencia y las prácticas de las personas no heterosexuales dentro y fuera de las iglesias cristianas. Esta redefinición de fronteras se produce a través de la subversión de los intereses religiosos que tradicionalmente se han considerado como heréticos, dando lugar a las disputas por la construcción de otros marcos morales, por cambiar la visión legítima del mundo que históricamente ha invisibilizado la diversidad sexual y de género.

Asimismo, la presencia de las iglesias y comunidades cristianas para la diversidad sexual y de género nos sitúa ante otros procesos a través de los cuales se reconstruyen y se resignifican las funciones sociales y políticas de la religión en el marco de la secularización y la búsqueda de laicidad en las sociedades modernas, ya que por una parte se evidencia que la secularización no es la pérdida de la religión en el mundo moderno y por otra, se muestra que la lucha por la construcción de un Estado laico en México no es incompatible con la búsqueda de reconocimiento de la diversidad sexual y de género dentro del campo religioso cristiano, pues las disputas por la construcción de un Estado laico son con la institución eclesiástica y su jerarquía pero no con Dios, por lo que suelen mantenerse varias de las creencias religiosas cristianas.

La creciente secularización de la cultura y la lucha por la laicidad en las instituciones políticas del Estado, en el marco de la búsqueda de reconocimiento de la diversidad sexual y de género dentro del campo religioso cristiano, revela la apuesta por la construcción de una sociedad más plural, libre y autónoma, en la elección de sus creencias religiosas, en la configuración de la identidad sexual y de género, en el ejercicio de la libertad individual, pero al mismo tiempo, expresa la necesidad de que dicha autonomía tenga resonancia en las demandas por la separación del poder de las iglesias hegemónicas en las decisiones tomadas en las instituciones políticas del Estado.

Referencias

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