Logos / Año XLIX / Número 136 / ene-jun 2021 / pp. 59-76
59
¿Antropoceno o Capitaloceno? Más allá de los términos
Anthropocene or Capitalocene? Beyond the terms
José Ramón Orrantia Cavazos
Universidad Nacional Autónoma de México
ORCID: 0000-0002-6219-4387
Resumen
En este artículo abordamos dos enfoques sobre la catástrofe ambiental: el An-
tropoceno y el Capitaloceno. Primero, establecemos una relación entre la
sobreexplotación de la naturaleza y la concepción moderna de sujeto des-incor-
porado que concibe la naturaleza como recurso. En seguida, señalamos la uti-
lidad del término Antropoceno para enfatizar cómo la actividad humana es
responsable por el cambio climático y el calentamiento global. En tercer lugar,
señalamos las limitaciones del término, en tanto no distingue entre diferentes
contextos socio-económicos y culturales y su relación con la naturaleza. En la
cuarta parte exponemos las principales tesis del Capitaloceno, según el cual un
argumento sobre la responsabilidad humana del calentamiento global retira la
responsabilidad de estos procesos a formas muy especícas de explotación, pro-
ducción, consumo y deshecho, a saber, las del capitalismo.
Abstract
In this paper we deal with two approaches to the environmental catastrophe:
Anthropocene and Capitalocene. First, we establish a relation between nature
over-exploitation and the modern concept of the disembodied subject, who
conceives of nature as a resource. Then, we point to the term’s utility to empha-
size the way human activity is responsible for climate change and global warm-
ing. In the third place, we point to the term’s limitations, sa it cannot make a
distinction between dierent socio-economic and cultural contexts and their
relation to nature. In the fourth part, we present Capitalocene’s main thesis,
which claim than the argument about human responsibility for global warming
removes the responsibility for these processes to very specic forms of exploita-
tion, production, consumtion and disposal, to know, those of capitalism.
Palabras clave
Antropoceno y Capitaloceno, sujeto moderno, catástrofe ambiental, límites pla-
netarios, producción y explotación.
60 ¿Antropoceno o Capitaloceno? Más allá de los términos / José Ramón Orrantia Cavazos
Key words
Anthropocene and Capitalocene, modern subject, environmental catastrophe,
planetary boundaries, production and exploitation.
Fecha de recepción: Agosto 2020
Fecha de aceptación: Noviembre 2020
Introducción
En este artículo hablaremos de las diferencias entre los importantes concep-
tos de “antropoceno” y capitaloceno” en la discusión sobre las causas del cam-
bio climático y el calentamiento global. Señalaremos cómo estas diferencias dan
pie a enfoques distintos al analizar los mismos problemas y fenómenos, creando
desencuentros en las vías de estudio y en la propuesta de medidas y abordajes.
Dividiremos el trabajo en cuatro partes y unas observaciones nales. En la
primera, revisaremos las consecuencias ecológicas derivadas de la sobreexplo-
tación de los recursos planetarios y la situación de alarma en que ello nos si-
túa. También intentaremos establecer una relación entre estas prácticas de
explotación de la naturaleza y una cierta concepción de sujeto que, nos pare-
ce, podemos rastrear en las losofías modernas de René Descartes y Francis
Bacon, según las cuáles el sujeto es diferente tanto de su medio (que es un re-
curso a su disposición) como de sus nes (que no tienen valor alguno sino en
tanto son elegidos). En la segunda parte, expondremos qué se entiende por An-
tropoceno, enfatizando las razones por las que se le ha considerado como un
abordaje innovador que permite poner en nueva perspectiva muchos de los
problemas ambientales y la gica detrás de la utilización humana de los re-
cursos naturales.
Sin embargo, en la tercera parte señalaremos sus limitaciones, en tanto no
hace distinción entre diferentes maneras de relacionarse, utilizar o explotar la
naturaleza, dependientes de contextos socio-económicos y culturales bien es-
pecícos. Partiendo de esta crítica del supuesto de que el factor que ha provo-
cado los cambios geológicos signicativos de nuestro tiempo es la humanidad
en general, mostraremos cómo los argumentos de los teóricos del Antropoceno
tienen un carácter neomalthusiano de miras muy cortas al intentar dar cuen-
ta de la relación existente entre capitalismo y calentamiento global, pues pier-
de de vista que los países que han tenido un crecimiento sostenido son los que
más CO2 liberan al ambiente y que más energía y recursos consumen per capi-
ta, además de ser responsables del desgaste y la contaminación de ecosistemas
Logos / Año XLIX / Número 136 / ene-jun 2021 / pp. 59-76
61
y la explotación en condiciones inhumanas de poblaciones, grupos vulnerables
e incluso animales no-humanos, en países no desarrollados. Así, en la cuar-
ta parte expondremos las principales tesis del capitaloceno, según el cual un
argumento sobre la responsabilidad humana del calentamiento global retira
la responsabilidad de estos procesos a formas muy especícas de explotación,
producción, consumo y deshecho relacionadas con formas de vida particula-
res, las cuales dependen de lo que se ha denominado externalización de cos-
tos”, para poder continuar una constante acumulación de capitales a costa de
la pauperización de poblaciones periféricas.
En las observaciones nales, haremos una recapitulación de los argumentos
del antropoceno y del capitaloceno, para mostrar que no creemos que el enfo-
que del capitaloceno se contraponga al del antropoceno, sino que lo comple-
menta con especicaciones precisas en el combate a una lógica de explotación
de la naturaleza incompatible con el objetivo de la sustentabilidad planetaria.
El sujeto moderno y el desastre ambiental
El 7 de diciembre de 1972 se toma una fotografía del planeta Tierra desde el
Apolo 17, a unos 29,000 kilómetros de distancia. Esta imagen se convertirá en
una especie de estandarte para el movimiento ambientalista de los 1970s, quie-
nes utilizan la imponente belleza de esta fotografía para generar consciencia de
que sólo tenemos un planeta. En su documental An inconvenient truth”, Al
Gore la utiliza como recurso oratorio para generar un vínculo emocional con su
público, al que le pregunta “Isn’t it beautiful?” (“¿No es hermosa?”). Con el im-
pacto que genera la visión de la Tierra desde fuera de ella, cobrará fuerza la idea
de que nuestro planeta es un sistema cerrado, apenas una nave espacial” con
recursos, capacidad de crecimiento económico y asimilación de residuos limita-
dos: “Gradualmente, […], el hombre se ha ido acostumbrando a la noción de una
Tierra esférica y una esfera cerrada de la actividad humana” (Boulding, 1966).
La naturaleza cerrada del sistema Tierra ha tardado demasiado tiempo en en-
trar realmente en el imaginario popular, pues los cambios morales, políticos y
psicológicos que esta concepción requiere no son compatibles con la idea de la
frontera siempre huidiza y postergable de la expansión territorial de las grandes
potencias colonialistas, desde las mercanitilistas del siglo XVI a las imperialis-
tas de principios del XX.
Sin embargo, a esta interpretación de la fotografía de la Tierra podríamos opo-
ner otra, no demasiado difundida, pero que existe y debemos tomar en considera-
ción: la de que hemos logrado salir del planeta, que hemos trascendido los límites
naturalmente impuestos al habitar humano a través del uso de la razón en el desa-
rrollo cientíco y tecnológico. Y, como consecuencia casi inmediata, que es tiempo
62 ¿Antropoceno o Capitaloceno? Más allá de los términos / José Ramón Orrantia Cavazos
de peregrinar en la expansión de la frontera espacial (en doble sentido de espacio
físico y de espacio cósmico).
1
Muchas otras fotos de la Tierra nos dan a entender
que estamos fuera, desde una plataforma,
2
que tenemos el privilegio de contemplar
nuestro planeta desde una perspectiva de separación, de exterioridad.
Este es el pensamiento que ve a la Tierra como objeto o recurso económico y
no como ambiente o entorno oiko-lógico. Stephen Hawking, como alternativa al
problema de la sobrepoblación y el deterioro ambiental, lo plantea de la siguien-
te manera: “Creo rmemente que debemos empezar a buscar planetas alterna-
tivos para posible habitación. Nos estamos quedando sin espacio en la Tierra y
necesitamos romper las limitaciones tecnológicas que evitan que vivamos en al-
gún otro lugar del universo” (Radowitz, 2017). Y es conocida la frívola actitud de
Elon Musk cuando proponía mandar bombas nucleares a los polos de hielo de
Marte (“Nuke Mars!”) para intentar crear una atmósfera con el vapor generado,
de manera que podamos colonizar el planeta. Es decir, la Tierra es un recurso a
nuestra disposición. Ya nos lo acabamos… ¡Qué importa, busquemos otro! Como
lo plantea Boulding (1966), este pensamiento parte del paradigma de la abun-
dancia, de la posibilidad de perpetua expansión. Pero lo que se nos vuelve evi-
dente es que ese paradigma ya no responde a nuestra realidad, que el planeta se
nos acaba, aunque se acaba para unos más rápido que para otros.
Nos parece que esta perspectiva es heredera de la noción moderna de suje-
to que se origina con René Descartes y Francis Bacon. Es bien conocida la se-
paración que Descartes realiza entre res extensa y res cogitans: en la segunda
Meditación (Descartes, 2011), después de encontrar el “yo pienso” como fulcro,
punto jo arquimédico o fundamento del pensar que dene la racionalidad, su
procedimiento y posible contenido, Descartes puede armar categóricamen-
te “yo soy, yo existo”. Pero esta certeza de ser no es suciente para tener certe-
za de qué se es, a lo cual Descartes responde más bien mediante un deslinde:
no es una máquina compuesta de carne y hueso, es decir, un cuerpo, sino una
cosa que piensa, concibe, duda, entiende, quiere, imagina y siente. En la quin-
ta parte de su Discurso del Método (Descartes, 2011), describe el movimiento del
cuerpo según reglas mecánicas de la naturaleza, de forma que, de no ser por su
conjunción con el espíritu (la cosa que piensa), cualquier movimiento se expli-
caría por un automatismo mecanicista (igual que se mueve un reloj).
3
1
No nos parece casual que en una de las películas de ciencia cción más exitosas de los últi-
mos años, Interstellar, se llame a los astronautas exploradores “peregrinos”, en la misma lógi-
ca del los pilgrims ingleses que hacen la exploración y apropiación violenta de los territorios
estadunidenses.
2
Llama la atención el nombre de una fotografía tomada el 11 de septiembre del 2010 desde la Es-
tación Espacial Internacional: “La ISS, un balcón único a la Tierra”.
3
Descartes hace una referencia al médico inglés William Harvey, quien descubre la circulación
de la sangre en 1628 y la describe en términos de mecánica hidráulica: fuelles, bombas y válvu-
Logos / Año XLIX / Número 136 / ene-jun 2021 / pp. 59-76
63
Esta operación constituye un giro hacia el interior, por el cual Hegel le lla-
ma “héroe del pensamiento”: hay que tomar al pensamiento como punto de
partida, lo cual no signica un giro hacia lo subjetivo (no se busca encontrar la
verdad “para mí”), sino la búsqueda de un fundamento objetivo para el conoci-
miento (Hegel, 2002). La consciencia de sí de la subjetividad consciente como
condición de posibilidad de toda representación, la autoconciencia, es lo que
dará sus peculiares características al pensamiento moderno. Pero este “sujeto
transparente a sí mismo” que es fundamento y origen del sentido, distinto del
cuerpo y del mundo y liberado de su sumisión al orden natural y al automa-
tismo del cuerpo (Vallaeys, 1996), con esta separación concibe al mundo como
objeto para un sujeto: el subjectum se convierte en aquello sobre lo cual se fun-
damenta el modo de ser del mundo como imagen o representación de un suje-
to. El pensar signica que el sujeto pone algo ante (a mismo o al mundo),
no para des-cubrirlo (en el sentido de la Aletheia), sino para aprehenderlo me-
diante una objetivación dominadora. Esta perspectiva funda la nueva imagen
del mundo de la Modernidad (Heidegger, 2001).
Por su parte, Bacon, partiendo de una teología calvinista de la corrupción
sustancial de la naturaleza humana a partir del pecado original, hace la sepa-
ración entre objetos imposibles y posibles de conocimiento: los primeros, el co-
nocimiento de Dios y sus misterios, de su voluntad y de los fundamentos de las
reglas morales; los segundos, todos los correspondientes a la naturaleza, creada
por Dios para poder ser conocida (a través de la instrumentación de una Nue-
va Lógica) e ipso facto dominada
4
(Manzo, 2001).
Este Novum Organum baconiano permite al sujeto humano ser un inquisidor
de la naturaleza, haciendo una separación clara entre el investigador quien
debe dominar o forzar a la naturaleza a revelar sus secretos (Fuller, 2018) a tra-
las, tecnologías utilizadas en los hornos y en la extracción de agua en las minas (Bernal, 1986).
4
Existe una relación etimológica entre las palabras dominación, domesticación y, a través del
rol que juega en un campo semántico similar, economía y ecología. La palabra domus designa
un tipo de casa romana de una clase social acomodada. El cabeza de familia (el padre) llevaba
el título de dominus. La palabra dominar también proviene de domus, más el sujo que le da
forma de verbo. ¿Podemos entenderla como una acción de creación o administración de la ca-
sa, como “hacer casa”? La palabra domesticar proviene de domesticus, relativo a la casa, más
el sujo para dar forma de verbo: hacer algo relativo a la casa. ¿Qué es lo que se domestica? Un
animal, un/a esclavo/a, la mujer. Nos parece que la palabra domus juega el mismo papel que la
palabra oikía como la entendía Aristóteles en su Política, pues puede ser traducida como casa
en el sentido de unidad familiar: hombre, mujer, hijos, esclavos y bienes. Aristóteles, en el Libro
I 1253b, nos habla de la administración doméstica u oikonomía, en la que se trata de manejar
la casa con todos sus componentes. Oiko-logía tiene la misma raíz, por lo que podemos pensar,
desde una lógica Baconiana, que es al hombre a quien le corresponde el dominio o administra-
ción de la naturaleza. Para Aristóteles y para Bacon, el señorío es una ciencia potestad del amo
(hombre).
64 ¿Antropoceno o Capitaloceno? Más allá de los términos / José Ramón Orrantia Cavazos
vés del método inductivo y de la experimentación empírica— y el contexto na-
tural que se investigará (modelo que será inspiración para la Royal Society of
London, inspirada en la Casa de Salomón de Bensalem o la Nueva Atlántida)
(Bernal, 1986).
La articial clasicación de los entes, la realización de experimentos de
imitación de fenómenos naturales y el desarrollo de instrumentos, materiales
y medicamentos que tienen lugar en la Casa de Salomón es un perfecto ejem-
plo de este poder inquisitorial que busca no sólo des-cubrir cómo se comporta la
naturaleza (no es una losofía contemplativa), sino poder administrarla o sacar pro-
vecho de ella.
De estos dos autores se desprenderá una línea de pensamiento sobre el su-
jeto moderno: un sujeto des-incorporado (disembodied) o desapegado (disen-
gaged), según el cual el yo, como sujeto posesivo, es anterior a los nes que
arma. Al poseerlos, el yo se distancia de ellos a la vez que establece una re-
lación con ellos en tanto poseídos. Este sujeto, que se concibe como un yo ra-
cional, tiene valor no tanto por lo que elija o realice, sino por su capacidad de
elegir racionalmente. Esta separación entre el yo y sus nes, entre el yo y su
medio, nos permite descubrir una actitud posesivo-instrumental respecto a su
propio cuerpo y a la naturaleza (Taylor,2001; Sandel, 1998).
El Antropoceno y los Límites Planetarios
El concepto de Antropoceno surge ante la idea de que la actividad humana en el
planeta nos ha hecho entrar en una nueva época geológica. Es importante resal-
tar que, aunque es verdad que desde que el ser humano camina por la Tierra ha
habido efectos ambientales a niveles locales, se ha señalado el inicio de la Revo-
lución Industrial y la invención de la máquina de vapor como parteaguas en la
historia geológica. El incremento poblacional que se registra a partir de ese mo-
mento, y que se traduce en un aumento de la explotación de los recursos terres-
tres, se puede ver reejado en una serie de efectos ambientales de preocupación
global, en tanto igualan o superan a las fuerzas de la Naturaleza en la capacidad
de cambiar la biósfera e impactar de distintas maneras el sistema Tierra (Crut-
zen, 2002).
El concepto de Antropoceno fue propuesto por Paul Crutzen, premio No-
bel de Química en 1995 (junto con Mario Molina) por sus investigaciones sobre
química atmosférica, las cuales predecían que la emisión de clorouorocarbo-
nos (CFCs) podrían provocar un adelgazamiento de la capa de ozono. Con este
concepto, se querían sugerir al menos dos cosas: “(i) que la Tierra se está mo-
viendo fuera de su época geológica actual, llamada Holoceno y (ii) que la acti-
Logos / Año XLIX / Número 136 / ene-jun 2021 / pp. 59-76
65
vidad humana es ampliamente responsable por esta salida del Holoceno, esto
es, que la humanidad se ha convertido en una fuerza geológica por derecho
propio” (Stephen, et al, 2011).
5
Aunque hay discusión acerca de cuándo y con qué eventos iniciaría el An-
tropoceno —la ola de extinciones de la megafauna del Pleistoceno posible-
mente relacionada con la cacería; el advenimiento de la agricultura, con las
implicaciones de deforestación y conversión de suelo que provocarían emisión
de CO2 y gas metano; la explotación de carbón de hulla, primero en China (s.
VIII-s. XIII) y después en Inglaterra (s. XIII-s. XVII)— las consecuencias de
esos eventos no han podido ser rigurosamente relacionadas con afectaciones
sostenidas en el sistema Tierra (Stephen, et al, 2011). En dado caso, la perspec-
tiva más aceptada es que el Antropoceno comienza con la Revolución Indus-
trial, lo cual es sugerido por las altas concentraciones de dióxido de carbono y
metano encontradas al hacer análisis químico del aire en las capas polares de
este último periodo de poco más de dos siglos, en comparación con los periodos
anteriores (Crutzen, 2002).
Crutzen hace una rápida lista de fenómenos que, desde su perspectiva, han
contribuido enormemente al agotamiento de los recursos de la Tierra y al ca-
lentamiento global, y que son una serie de argumentos en favor de la idea de
que estamos en la nueva época del Antropoceno. Por mor de claridad, citare-
mos al propio Crutzen in extenso:
Durante los tres siglos pasados, la población humana se ha incrementado diez veces
a más de 6 mil millones y se espera que alcance 10 mil millones en este siglo. La po-
blación de ganado productor de metano ha ascendido a 1.4 mil millones. Alrededor
de 30-50% de la supercie del planeta es explotada por humanos. Los bosques tro-
picales desaparecen a un ritmo acelerado, liberando dióxido de carbono e incremen-
tando signicativamente la extinción de especies. La construcción de presas se ha
vuelto lugar común. Más de la mitad de el agua dulce accesible es utilizada por la
humanidad. Las compañías pesqueras obtienen más del 25% de la producción pri-
maria en aguas profundas y 35% en las aguas templadas de la placa continental. El
uso de energía ha crecido 16 veces durante el siglo veinte, causando la emisión de 16
millones de toneladas de dióxido de sulfuro al año, más del doble de la suma de sus
emisiones naturales. En la agricultura se aplica más fertilizante nitrogenado que lo
que se ja naturalmente en todos los ecosistemas terrestres; la producción de óxi-
do nítrico por la combustión de combustibles fósiles y biomasa también sobrepasa
5
Crutzen (2002) y Stephen, et al (2011) señalan una serie de antecedentes del término Antropo-
ceno, mostrando que la idea de la actividad humana como causa de cambios a nivel geológico
data, al menos, de nales del siglo XIX.
66 ¿Antropoceno o Capitaloceno? Más allá de los términos / José Ramón Orrantia Cavazos
las emisiones naturales. La combustión de combustibles fósiles y la agricultura han
causado un incremento substancial en la concentración de gases de efecto “inverna-
dero—30% de dióxido de carbono y más de 100% de metano—, alcanzando su ni-
vel más alto en los pasados 400 mil años, y se espera aún más (Crutzen, 2002: 23).
La teoría del Antropoceno, de esta forma, es de utilidad en tanto señala la
medida en que las presiones ambientales antropogénicas han afectado los sis-
temas terrestres y el sistema Tierra, poniendo en peligro la sostenibilidad de
estos sistemas. Es en esta gica que Röckstrom, et al. (2009) hacen una pro-
puesta de límites planetarios para un espacio operacional seguro. La idea es
establecer una serie de techos ambientales que marquen el punto más alto
dentro del cual la humanidad puede operar de manera segura y cuya trans-
gresión podría provocar cambios catastrócos debido al riesgo que traspasar
ciertos umbrales trae consigo, pues se abre la posibilidad de disparar cambios
ambientales no-lineares abruptos, con consecuencias de nivel continental o
incluso planetario. De la denición de qué signica que un cambio ambiental
humanamente inducido sea inaceptable emergerá la selección de límites.
Por falta de espacio, no entraremos en detalles, sino que sólo mencionare-
mos cuáles son los nueve límites señalados por Röckstrom, et al. (2009): cam-
bio climático, acidicación del océano, adelgazamiento de la capa de ozono,
ciclo de nitrógeno y ciclo de fósforo, uso de agua dulce, cambio de sistemas
de suelo, taza de pérdida de biodiversidad, carga de aerosol atmosférico (sin
cuanticar) y contaminación química (sin cuanticar).
6
La identicación de
estos límites impone una carga ética en la gobernanza ambiental, de los ni-
veles locales a los globales. Estos limites permiten analizar riesgos e incerti-
dumbres y ponen una exigencia de aplicar el principio precautorio para evitar
operar fuera del espacio operacional seguro o, en los casos en que ya estamos
operando fuera de él, implementar medidas de mitigación de los (ya inevi-
tables) impactos que esto tendrá en la posibilidad de alcanzar un desarrollo
sustentable.
Como se ve en la gura 1, Röckstrom, et al. (2009) indican que como huma-
nidad ya hemos transgredido tres de los nueve límites (cambio climático y, de
manera grave, ciclo de nitrógeno y pérdida de la biodiversidad). El problema es
que no sabemos hasta qué punto y por cuánto tiempo podemos estar sobre es-
6
La selección de estos límites planetarios no signica que no existan otros actualmente, o que
otros no puedan ser identicados en el futuro. Röckstrom, et al. (2009) lo que intentan hacer
es cuanticar los que considerar más urgentes en esta coyuntura, debido a la cercanía en que
nos encontramos de estar operando más allá del espacio operacional seguro, o porque ya lo es-
tamos haciendo.
Logos / Año XLIX / Número 136 / ene-jun 2021 / pp. 59-76
67
tos límites antes de llegar a un punto de no-retorno con consecuencias irrever-
sibles y catastrócas a nivel de los procesos biofísicos y socioeconómicos del
sistema Tierra.
7
Fig. 1 Límites planetarios para un Espacio operacional seguro, Rockström, et al., 2009.
Antes de pasar a la siguiente sección, nos parece necesario resaltar que estos
datos son del 2009, es decir, de hace 11 años. Entonces, surge la pregunta sobre
si hemos implementado medidas adecuadas para la mitigación de estos proce-
sos. Nuestra percepción es que no es así y que ello es debido a las limitaciones
conceptuales y epistémicas del concepto de Antropoceno, las cuales no permi-
ten pensar el problema en todas sus complejas dimensiones socioeconómicas.
Los límites de la teorización del Antropoceno
El tipo de razones que se ofrecen para explicar la catástrofe ecológica a la que
nos enfrentamos apuntan a que ellos se derivan de un crecimiento cada vez más
acelerado en la población mundial (particularmente en países de tercer mundo)
y a un ilimitado crecimiento económico. Por ejemplo, el mismo Crutzen, con un
gusto un tanto macabro, lo plantea de la siguiente manera: A menos que ocu-
rra una catástrofe global el impacto de un meteorito, una guerra mundial o
una pandemia— la humanidad seguirá siendo una importante fuerza ambiental
por milenios” (Crutzen, 2002: 23). La humanidad es homogéneamente respon-
sable por la presión que se está ejerciendo sobre los sistemas ecológicos y el sis-
tema Tierra, así como sería homogéneamente afectada por catástrofes como las
68 ¿Antropoceno o Capitaloceno? Más allá de los términos / José Ramón Orrantia Cavazos
mencionadas.
8
Esta clase de argumentos, en la cual se pone énfasis en que el crecimiento
exponencial de la población no puede ser sostenido por el crecimiento no-ex-
ponencial (y denitivamente limitado) de la extracción de recursos para la su-
pervivencia, es heredera del principio de población malthusiano, según la cual
todo hábitat tiene una determinada capacidad de carga, una capacidad de al-
bergar un cierto número de individuos. La sobrepoblación pone presión sobre
esa capacidad de carga, la excede, con lo cual los recursos comienzan a esca-
sear (Bernal, 2016). Uno de los argumentos de Malthus es siniestramente simi-
lar al de Crutzen:
Los vicios del género humano son ministros de despoblación activos y capaces. Son
los precursores en la gran armada de la destrucción y en ocasiones llevan a cabo el
horrible trabajo por sí mismos. Pero, si fallaran en esta guerra de exterminio, perio-
dos de enfermedad, epidemia, pestilencia y plagas avanzarían de manera terrible
y barrerían con miles y miles. Si esto no fuera suciente, gigantescas e inevitables
hambrunas acechan en la retaguardia, y con un poderoso golpe nivelarían a la po-
blación con los alimentos del mundo (Malthus, citado en Parakkal, 2018).
Desde esta perspectiva, las catástrofes naturales equilibran (homogénea-
mente) las poblaciones y, en caso de fallar, lo hacen entonces las hambrunas
y la escasez de agua provocada por el exceso sobre la capacidad de carga del
hábitat. Consecuentemente, la forma de evitar la sobrecarga en un hábitat
podría implicar la toma de medidas de control poblacional, como el antinata-
lismo o la esterilización (forzada).
9
Este argumento, de forma casi automática,
relaciona sobrepoblación con pobreza, lo que constituye una explicación per-
fectamente cómoda del “atraso” de los países del llamado Tercer Mundo. Pero,
de manera aún más interesante, es el argumento favorito para explicar la ca-
8
Esta armación muestra claramente las limitantes del concepto de Antropoceno: con excep-
ción del meteorito, parece ingenuo pensar que una guerra mundial o una pandemia afecte de la
misma manera a las distintas poblaciones a lo largo y ancho del mundo. Como se puede ver con
la pandemia de Coronavirus, las poblaciones más vulnerables en sentido social, económico o,
incluso, político, son las que se han visto más afectadas por la pandemia ( no sólo por la enfer-
medad, sino por todo lo que se pone en marcha con ella): países en vías de desarrollo con altos
índices de trabajo informal y pobres servicios de salud, poblaciones de bajos recursos, grupos
raciales discriminados estructuralmente, mujeres que viven violencia doméstica, etc. La visión
de Crutzen toma a la humanidad como un todo homogéneo que se ve afectado de igual mane-
ra por una ola expansiva pandémica o de guerra (como la que podría provocar un meteorito).
9
Es necesario no perder de vista que muchas de estas políticas van dirigidas a grupos vulnerables
y es a ellos a quienes afectan. Pensemos en las políticas de esterilización (forzada) en México, en-
tre mujeres pertenecientes a comunidades indígenas, como estrategias de planicación familiar.
Logos / Año XLIX / Número 136 / ene-jun 2021 / pp. 59-76
69
tástrofe ecológica planetaria.
10
Esta idea ya fue puesta en duda por el Club de Roma en su estudio The Li-
mits to Growth, en 1972 (Meadows, et al., 1972). En este estudio, se hicieron si-
mulaciones computacionales de los efectos que podrían tener el crecimiento
poblacional, la industrialización, la contaminación y otras variables en la dis-
ponibilidad de recursos, en los siguientes treinta años, así como de las medidas
requeridas para mitigarlos. Lo interesante es que hacen varios modelos, el pri-
mero de los cuales es el de la reducción de la población. Las conclusiones son
sumamente interesantes: un futuro sustentable no es posible exclusivamente
con la reducción poblacional en la periferia (es muy interesante que se men-
cione que estas medidas deben ser implementadas en la periferia, pues revela
la situación de privilegio desde la que se escribe). Revisando otros modelos que
incluyen más variables, nos advierten que “[…] bajo un escenario tendencial,
para solventar el ritmo de producción con los recursos que ofrece el planeta es
necesario un crecimiento cero en la actividad económica del mundo industria-
lizado” (Bernal, 2016: 13), en 1972 (consideremos que 50 años después, las me-
didas seguramente deben ser más drásticas). Esta postura es innovadora, en
tanto introduce otros elementos a la ecuación. Pero sigue teniendo una visión
limitada, pues concibe que los límites al crecimiento son físicos.
11
Desde esta perspectiva, para evaluar el impacto de las poblaciones humanas
en el medio ambiente, otro tipo de variables o consideraciones deben ser toma-
das en cuenta, además de la población. No desconocemos la importancia que
la cantidad de población puede tener al evaluar estos impactos, pero no pode-
mos considerarla como factor único. En esta línea, Ehrlich y Holdren (1971) nos
proponen una ecuación para medir el impacto humano en el medio ambiente:
I=P*A*T
El Impacto que generamos (I) depende de el número de personas (P), la
cantidad de bienes per cápita que consumen (A, de auence) y el impacto por
unidad de producción, lo cual se asocia a la tecnología que requerimos para la
producción de esos bienes (T) (Bernal, 2016; Ehrlich y Holdren, 1971).
10
Los argumentos neomalthusianos han tenido un gran éxito últimamente. No son sólo dos las
veces que he escuchado argumentos que relacionan la sobrepoblación con los problemas ecoló-
gicos. En tono de broma, varios de mis estimados colegas han expresado “¡Necesitamos un Tha-
nos!”, como un desliz freudiano de un deseo reprimido de medidas drásticas de disminución en
la población mundial. Pero este tipo de opiniones siempre se realizan desde el privilegio. Se ha-
bla con lo que llamaría el “sesgo de Thanos”: en la rifa (aleatoria) para desaparecer del Univer-
so a la mitad de la población, Thanos no se incluye. Tampoco lo hacen mis colegas.
11
“En un planeta limitado, las dinámicas de crecimiento exponencial no son sostenibles” (Mea-
dows, et al., 1972). Las objeciones a este enfoque son que los límites al crecimiento no se reducen
a los componentes físicos, sino que tienen características más bien sociopolíticas (por ejemplo,
el Modelo Bariloche).
70 ¿Antropoceno o Capitaloceno? Más allá de los términos / José Ramón Orrantia Cavazos
Este enfoque abre la posibilidad a otro tipo de consideraciones pues, al
considerar el impacto en términos de I=PAT, es necesario focalizar las pobla-
ciones de las que hablamos, contextualizar no sólo la cantidad de bienes per cá-
pita, sino los hábitos de consumo y relacionar este consumo, necesariamente,
a las formas de producción, tecnologías disponibles e impacto del uso de esas
tecnologías.
Ahora, si observamos la g. 2 (el mapa mundial de la huella ecológica de
consumo), nos damos cuenta de que los países con mayor crecimiento son
aquéllos que tienen un impacto mayor impacto ecológico.
12
Contrastado con
la g. 3, el mapa del mundo por desarrollo humano del PNUD,
13
se vuelve claro
que existe una injusta distribución de bienes, servicios, capitales y riesgos am-
bientales. Esto es importante resaltarlo: los que más impacto tienen sobre el
planeta (por su huella ecológica) son los que más acceso a comida, bienes y ser-
vicios tienen y los que menos riesgos ambientales están corriendo.
Fig. 2 Mapa mundial de la huella ecológica de consumo, Living Planet, 2018.
Logos / Año XLIX / Número 136 / ene-jun 2021 / pp. 59-76
71
Fig. 3 Mapa del mundo por desarrollo humano del PNUD (2017)
De esta manera, queda claro que diferentes estilos de vida y patrones de
consumo (y de producción) tienen distintos impactos en los sistemas ecoló-
gicos y el sistema Tierra. Parece que en tanto benecios y riesgos de la explotación
ambiental se distribuyen inequitativamente (y de manera inversamente proporcional),
existe la pretensión de distribuir la responsabilidad ante el medio ambiente de mane-
ra homogénea.
Donna Haraway lo pone en estos términos: “El Anthropos no hizo este proce-
so de fracking [como ejemplo particular de la era del Antropoceno] y no debe-
ría aparecer en el nombre de esta época de doble amor a la muerte” (Haraway,
2016: 47). La generalización sobre la responsabilidad por los procesos de explo-
tación de la naturaleza ambiental, animal y humana, a la humanidad en gene-
ral hace callar sobre las redes, por ejemplo, “[…] de azúcar, metales preciosos,
plantaciones, genocidios de indígenas y esclavos, con sus innovaciones labora-
les y sus recolocaciones y recomposiciones de criaturas y cosas, arrasando con
trabajadores humanos y no-humanos de todo tipo” (Haraway, 2016: 48). Se-
gún la autora, es verdad que la Revolución Industrial inglesa tuvo gran impac-
to ambiental, pero ella pone énfasis en que es sólo un actor que jugó un papel
relevante en la transformación del planeta (ahora lo serían, primordialmen-
te, los Estados Unidos, China y Rusia). No es la humanidad, el Anthropos, la que
es pérda, “El sistema de mitos asociado con el Anthropos es un montaje […]”
(Haraway, 2016: 49) utilizado por clases adineradas y regiones privilegiadas,
asociadas con negocios tecnocráticos de mercado, ganancia y administración.
72 ¿Antropoceno o Capitaloceno? Más allá de los términos / José Ramón Orrantia Cavazos
¿El Capitaloceno como alternativa?
De acuerdo con lo que hemos señalado, y a pesar de los alcances que la teo-
ría del Antropoceno nos permita lograr, nos parece que ésta parte de una
noción ingenua de la relación entre población, producción y consumo. Nos
queremos acercar, más bien, a una perspectiva marxista de la relación en-
tre estos términos y la forma en que se relacionan. Por falta de espacio, no
podremos hacerlo de forma exhaustiva. Sin embargo, nos interesa resal-
tar un par de puntos: 1) Existe una identidad inmediata entre producción
y consumo, pues ambas existen por medio y como mediación de la otra:
“La producción crea los materiales para el consumo como objeto exter-
no; el consumo crea la necesidad como objeto interno, como nalidad de
la producción(Marx 1988: 249). La producción es medio para el consumo,
el consumo n para la producción y se proporcionan entre su objeto, ca-
da uno se realiza (en sentido hegeliano) en el otro. 2) Cada forma de pro-
ducción crea sus relaciones de derecho y sus propias formas de gobierno
(Marx, 1988).
Estas relaciones complejas no logran ser capturadas mediante la noción de
Antropoceno, pues no se logra distinguir entre modos diferentes de produc-
ción y consumo, como tampoco se destacan las formas legales y estatales que
se producen alrededor de ellos, por lo que las medidas de mitigación que se
pretende tomar combaten el síntoma, pero no la enfermedad. Más aún, la fal-
ta de cuestionamiento de formas de producción especícas como causantes
primordiales de la catástrofe ecológica naturaliza estas formas de producción,
invisibilizando su relación directa con la sobreexplotación de los recursos y
dando la apariencia de que es “la producción” en abstracto lo que debe aten-
derse, es decir, la relaciona con la humanidad en general y no con grupos hu-
manos (y sus formas de producción) en especíco.
En esta línea, los teóricos del Capitaloceno hacen una crítica al Antropoceno:
Los argumentos antropogénicos obscurecen las dinámicas capitalogéni-
cas de naturalización de las iniquidades, alienación y violencia de las re-
laciones modernas de producción y apropiación de capital.
Nombrar a la actividad del anthropos (en general) como causa del cam-
bio geológico socializa la responsabilidad y se abstrae de la praxis concre-
ta que ha provocado estos cambios.
La retórica del Antropoceno es perfectamente compatible con los pro-
yectos del capitalismo sustentable o del “buen capitalista” (lo cual
constituye una contradictio in adjecto por las dinámicas propias del ca-
pitalismo y lo que implica un proyecto realmente sustentable) que se
Logos / Año XLIX / Número 136 / ene-jun 2021 / pp. 59-76
73
proponen parar o revertir el cambio climático mediante un mercado
verde.
14
Es infructuoso explicar las transformaciones en la actividad productiva
humana a partir de la Revolución Industrial sin referirse a los patrones y
dinámicas de poder y estructuras de reproducción del capital y explota-
ción de la Naturaleza establecidos tres siglos antes (desde el capitalismo
monetarista y su proyecto colonialista) (Moore, 2017-1).
Entonces, se habla de Capitaloceno para enfatizar cómo una forma especí-
ca de producción (lo cual implica extracción, distribución, consumo de produc-
tos, pero también formas de apropiación del trabajo vivo, explotación laboral
y ecológica), en tanto sistema de poder, ganancia y reproducción en la red de
la vida, tiene una responsabilidad particular en las afectaciones ecológicas
del sistema Tierra. Moore (2017-1) entiende al capitalismo como una ecología
mundial de poder, capital y naturaleza que busca constantemente encontrar y
co-producir Naturaleza abaratada
15
y, a través de una separación entre Humani-
dad/Naturaleza (mediante la cual se entiende a la Naturaleza como recurso),
llevar a cabo una praxis de abaratamiento de las vidas y el trabajo de natura-
lezas humanas y no-humanas. Así, el capitalismo se entiende como una for-
ma de organizar y valorizar la Naturaleza: es un formación social y ontológica.
Este proceso, al mismo tiempo que abarata (cheapen) todo aquello que no es
humano, expulsa a diversos grupos humanos de la humanidad (como es deni-
da por esta formación ontológica especíca), despojándolos de la dignidad in-
herente a ella. Este abaratamiento le permite utilizar y apropiarse del trabajo
de animales humanos y no-humanos mediante la acumulación y la organiza-
ción o administración de sus cuerpos, a través de la acumulación de energía/
trabajo no pagado de mujeres, hábitats naturales y colonias: es una geo-admi-
nistración de estados e imperios (Moore, 2017-2). Lo que se sugiere con este
cambio de Antropoceno a Capitaloceno es que, en lugar de ver a la humanidad
como una fuerza geológica, causa de los cambios y afectaciones en los sistemas
ecológicos y el sistema Tierra, se vea a la lógica del capitalismo como tal fuerza
geológica, pues esto nos permite poner un freno al ímpetu con que el capitalis-
mo avanza con su paso implacable.
14
El capitalismo sustentable puede considerarse como una forma de greenwashing: poner una ca-
pa verde (como la capa de yeso sobre las paredes de concreto) para dar una apariencia de sus-
tentabilidad, cuando en realidad la dinámica del capital es la reproducción y acumulación de
más capital, es decir, tiene una gica de crecimiento y reproducción constante, exponencial,
incompatible con la lógica de la sustentabilidad,
15
Cheapen: que sea barato, pero también en el sentido de rebajar, de despreciar.
74 ¿Antropoceno o Capitaloceno? Más allá de los términos / José Ramón Orrantia Cavazos
Observaciones Finales
Aunque hemos mostrado por qué nos parece que el concepto de Antropoceno
se queda corto en su capacidad crítica para identicar y señalar los procesos
que son causa de los cambios en los sistemas ecológicos y en el sistema Tierra,
también nos parece que este término ha resultado de gran utilidad para hacer
patente el carácter articial (en el sentido de no ser derivado de procesos ex-
clusivamente naturales”) de la crisis ambiental. Más aún, y como lo dice Ha-
raway, el término ha adquirido tal fuera que dejarlo de utilizar podría más bien
resultar contraproducente, en tanto señala el involucramiento de la humanidad
en el cambio climático sin ser tan controversial como el término de Capitaloce-
no (Haraway, 2016).
No obstante, es importante no dejarse hipnotizar por la misticación que
este término puede causar: el mito de que hay un Anthropos generalizado, co-
mo especie, que es culpable de los procesos de deterioro ambiental, a tal grado
que podríamos pensar que estamos en una nueva época geológica. Estos proce-
sos ocultan las dinámicas de apropiación del trabajo vivo y de explotación de
animales humanos y no-humanos, de hábitats naturales y (¿por qué no?) cul-
turales mediante una ontología de valorización de las especies y los ecosiste-
mas por su valor de cambio.
De esta forma, nos parece que no debemos despreciar los aportes del tér-
mino Antropoceno, como tampoco el momentum que ha tomado en los últimos
años. Más bien, debemos “colgarnos” del ímpetu que lleva para comenzar a in-
dicar distinciones y aclaraciones necesarias sobre a qué nos referimos cuando
decimos que el hombre” ha sido causante del cambio climático y el deterioro
ambiental. “El hombre” es masculino, blanco, occidental, poseedor de medios
de producción y perteneciente a una clase privilegiada. Si al utilizar el térmi-
no Antropoceno se piensa en la humanidad en esos términos, entonces no hay
nada que decir: la humanidad es responsable de la catástrofe ecológica. Si quie-
ren decir “humanidad en general”, es necesario desmarcarse, señalar que no es
la especie la responsable, sino un sector muy especíco que se inserta en la di-
námica de reproducción del capital a través de la apropiación del trabajo vivo
y la explotación de “recursos” humanos y no-humanos.
Logos / Año XLIX / Número 136 / ene-jun 2021 / pp. 59-76
75
Bibliografía
Bernal, John D. (1986), La ciencia en la historia, México, Ed. Nueva Imagen/UNAM.
Bernal Pérez, Javier Rolando (2016), Propuesta de un marco axiológico para la evalua-
ción de un desarrollo tecnológico. El proyecto del tren de alta velocidad México-Que-
rétaro, Tesis presentada para obtener el título de doctor por la Universidad
Politécnica de Cataluña.
Boulding, Kenneth E. (1966), The Economics of the Coming Spaceship Earth”,
en H. Jarrett (ed.), Environmental Quality in a Growing Economy, Baltimore, Re-
sources for the Future/Johns Hopkins University Press, pp. 3-14.
Crutzen, Paul J. (2002), “Geology of Mankind”, Revista Nature, Vol. 415.
Descartes, René (2011), en Descartes, Madrid, Ed. Gredos.
Ehrlich, Paul, John Holdren (1971), “Impacto of population growth”, Science, New
Series, Vol. 171, No. 3977, pp. 1212-1217.
Fuller, Steve (2018), “What can philosophy teach us about the Post-Truth condi-
tion”, en Peters, et al. (eds.), Post-Truth, Fake News: viral modernity and higher
education, Singapur, Ed. Springer.
Haraway, Donna (2016), Staying with the trouble. Making kin in the Chthulucene,
EUA, Duke University Press.
Hegel, G. W. F. (2002), Lecciones sobre la historia de la losofía, vol. III, México, Ed. FCE.
Heidegger, Martin (2001), “La época de la imagen del mundo”, en Caminos de Bos-
que, España, Alianza Editorial.
Manzo, Silvia (2001), Algo nuevo bajo el sol : el método inductivo y la historia
del conocimiento en la gran restauración de Francis Bacon”, Revista latinoa-
mericana de losofía, Vol. 27, No. 2, pp. 227-254.
Marx, Karl (1988), “Prólogo a ‘Contribución a la Crítica de la Economía Políti-
ca’”, en Contribución a la Crítica de la Economía Política, México D. F., Edicio-
nes Quinto Sol.
Meadows, D. H., D. L. Meadows, Randers, J., W. Behrens III (1972), The Limits to
Growth, Nueva York, Universe Books.
Moore, Jason (2017-1), “The Capitalocene: Part I: on the natura and origins of our
acological crisis”, The Journal of Peasant Studies.
Moore, Jason (2017-2), The Capitalocene: Part II: accumulation by appropria-
tion an the centrality of unpaid work/energy”, The Journal of Peasant Studies.
Parakkal, Varkey (2018), “From Malthus to Thanos: The Problem with ‘Thinning
the Herd’”, Ramjas Reading Room. Recuperado de https://ramjasreadin-
groom.wordpress.com/2018/11/22/from-malthus-to-thanos-the-problem-
with-thinning-the-herd/ el 30 de septiembre de 2020.
Radowitz, Jon Von (2017), “Stephen Hawking says we must colonise other pla-
nets to ensure human survival”, Independent. Recuperado de https://www.
76 ¿Antropoceno o Capitaloceno? Más allá de los términos / José Ramón Orrantia Cavazos
independent.co.uk/news/science/stephen-hawking-colonise-other-planets-
ensure-human-survival-a7746016.html el 28 de spetiembre de 2020.
Raworth, Kate (2012), A safe and just space for humanity: can we live within the
doughnut?, Oxfam Discussion Papers.
Röckstrom, Johan, et al. (2009), “Planetary Boundaries: Exploring the Safe Opera-
ting Space for Humanity”, Ecology and Society, Vol. 14, No. 2.
Sandel, Michael (1998), Liberalism and the limits of justice, EUA, Cambridge Univer-
sity Press.
Stephen, Will, Jacques Grinevald, Paul Crutzen y John McNeil (2011), “The
Anthropocene: conceptual and historical perspectives”, Philosophical Tran-
sactions of the Royal Society, Vol. 369, No. 1938.
Taylor, Charles (2001), Sources of teh Self. The making of the modern identity, EUA,
Harvard University Press.
Vallaeys, François (1996), “Las deconstrucciones del sujeto cartesiano”, Are, Re-
vista de Filosofía, Vol. 8, No. 2, pp. 309-318.
WWF (2018), Living Planet Report - 2018: Aiming Higher, Grooten, M. and Almond,
R.E.A.(Eds), WWF, Gland, Switzerland.