Logos / Año XLIX / Número 136 / ene-jun 2021 / pp. 9-22
9
La brecha digital de género como vértice de las desigualdades
de las mujeres en el contexto de la pandemia por Covid-19
The digital gender gap as the vertex of the inequalities
of women in the context of COVID-19
Claudia Ivette Pedraza Bucio
Facultad Mexicana de Arqutectura Diseño y comunicación,
Universidad La Salle.
ORCID: 0000-0001-8038-6473
Resumen
El objetivo de este texto es analizar la brecha digital de género como vértice
de las desigualdades estructurales que conforman la vida de las mujeres, en el
marco de la pandemia mundial de Covid-19 que ha colocado a las Tecnologías
de la Información y la Comunicación (TIC) en el centro de la dinámica social.
Para esto, en el primer apartado se recupera el concepto de brecha digital co-
mo un vértice en el cual convergen desigualdades que condicionan el acceso,
uso y apropiación de las tecnologías de la información y comunicación, pero
también como un condicionante de las mismas. A continuación, se presentan
las implicaciones del género en el análisis de la brecha digital; y a partir de es-
to, se revisan los problemas potenciales que supone la brecha digital de género
en el contexto de COVID. La intención nal es argumentar la necesidad de po-
líticas y programas que atiendan la brecha digital no como un resultado de las
desigualdades de género, sino como eje emergente a través del cual se mantie-
nen, refuerzan y renuevan las mismas.
Abstract
The purpose of this paper is to analyze the digital divide as the vertex of the
structural inequalities that shape the lives of women, in the context of the
global Covid-19 pandemic that has placed Information and Communication
Technologies (ICT ) at the center of social dynamics. For this, in the rst sec-
tion the concept of digital divide is recovered as a vertex in which inequalities
that condition access, use and appropriation of information and communica-
tion technologies converge, but also as a cause of them. The implications of gen-
der in the analysis of the digital divide are presented below; and based on this,
the potential problems originated by the digital gender gap in the context of
COVID are reviewed. The nal intention is to insist in the need for policies and
programs that attend the digital divide as a product of inequalities, but also as
an emerging axis that maintain, reinforce, and renew them.
10 La brecha digital de género como vértice de las desigualdades de las mujeres en el contexto de
la pandemia por Covid-19 / Claudia Ivette Pedraza Bucio
Palabras clave
Brecha digital, género, Covid-19, TIC, desigualdad.
Key words
Digital divide, gender, Covid-19, ICT, inequality.
Fecha de recepción: Agosto 2020
Fecha de aceptación: Noviembre 2020
Introducción: la brecha digital,
eje emergente de las desigualdades
Desde el inicio de la pandemia provocada por el SARS-CoV 2, tanto en nuestro
país como en el resto del mundo, las Tecnologías de la Información y la Comu-
nicación (TIC) se convirtieron en el eje de las dinámicas sociales, económicos,
laborales y educativas. Al imaginario del usuario promedio de las tecnologías di-
gitales, representado por jóvenes hiperconectados pendientes de los dispositivos
y plataformas digitales, se sumó el profesorado poco hábil para el uso de tecno-
logías, la madre agotada acompañando las tareas de sus hijos, las personas de la
tercera edad aprendiendo a hacer videollamadas para ver a sus nietos, los cien-
tos de niñas y niños tratando de concentrarse frente a la pantalla para tomar
clases. Así, un virus (no informático) develó con crudeza la falacia del mundo
conectadoproclamada desde el paradigma de la Sociedad de la Información y
el Conocimiento.
El objetivo de este ensayo es analizar la brecha digital de género como vérti-
ce de las desigualdades estructurales que conforman la vida de las mujeres, en
el marco de la pandemia mundial por Covid-19. El punto de partida es recono-
cer el acceso a las TIC como un elemento clave para que las personas accedan,
consulten, compartan y produzcan información y conocimiento para benecio
propio, de las comunidades y de la sociedad en general. No obstante, existen
una serie de carencias, tanto a nivel de infraestructura como de conocimien-
tos y habilidades, derivadas de otras condiciones de desigualdad social, que no
permiten que todas las personas puedan beneciarse de las mismas. Estas ca-
rencias se expresan en la brecha digital.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE,
2001) dene la brecha digital como la división entre individuos, hogares, áreas
económicas y geográcas con diferentes niveles socioeconómicos en relación
tanto a sus oportunidades de acceso a las TIC como al uso de internet para
una amplia variedad de actividades. Por su parte, la Comisión Económica pa-
Logos / Año XLIX / Número 136 / ene-jun 2021 / pp. 9-22
11
ra América Latina (CEPAL) añade un propósito a este acceso y uso al denir a
la brecha digital como la línea divisoria entre el grupo de la población que ya
tiene la posibilidad de comunicarse, coordinarse y beneciarse de las TIC y el
grupo que aún no tiene esa posibilidad (Peres y Hilbert, 2009). La palabra “ya
contenida en esta última denición revela que los benecios derivados del uso
de las TIC se conciben como una meta para toda la población, lo cual se rela-
ciona con la búsqueda del reconocimiento de las TIC como un derecho uni-
versal. Organismos como la ONU y UNESCO señalan que el carácter global, la
velocidad de difusión y el impacto de las TIC las convierten en una fuerza im-
pulsora del desarrollo y bienestar de la población, al permitir el intercambio
de información, ideas y conocimientos indispensables para que otros derechos
puedan materializarse: la educación, el empleo, la justicia, etc. Esta concepción
busca contraponerse al discurso de indispensabilidad de las TIC, impulsado
por las empresas productoras de tecnología, que busca materializar la necesi-
dad en el consumo de dispositivos. Por esta razón, la perspectiva de derechos
no se centra en las redes o aparatos, sino en los procesos que se habilitan a tra-
vés de las tecnologías y que permiten el ejercicio de ciudadanía.
Al hablar de brecha digital no solamente se hace referencia a la diferencia
de conectividad y disponibilidad de redes, dispositivos y servicios (brecha de
acceso) sino también a los conocimientos y habilidades que permiten que sean
utilizados (brecha de uso) y a las posibilidades de elegir y orientar su uso pa-
ra benecio de la comunidad usuaria (brecha de apropiación), lo que nos habla
de un problema multidimensional y multifactorial (Selwyn, 2004; Crovi 2008;
Becerril, 2018).
Lo anterior supone el reconocimiento de que la brecha digital no es homo-
génea sino interseccional, y en ese sentido, se explica en función de las carac-
terísticas de los sujetos como pertenecientes a las categorías sociales desde las
cuales se articulan diversas desigualdades. En efecto, que una persona no pue-
da incorporar las TIC a su cotidianidad se relaciona con otros problemas so-
ciales como la pobreza, el analfabetismo, la diferencia de ingresos económicos,
las creencias socioculturales, el idioma, etc. Es decir, la brecha digital se conci-
be como el resultado de las desigualdades previas que limitan el acceso, uso y
apropiación de las TIC y que a su vez conlleva a la marginación de los procesos
sociales que se generan a través de estas (Alva de la Selva, 2015, p. 274).
No obstante, concebir a la brecha digital como resultado puede cerrar su
análisis a las causas que lo originan (las desigualdades prexistentes) y no consi-
derar la forma en la cual mantiene, refuerza o recongura otras desigualdades.
Así, en este texto se propone considerarla como un vértice de las desigualda-
des; esto es, como un punto donde las estructuras que generan la desigualdad
convergen pero que a la vez articula mecanismos emergentes que le dan otra
12 La brecha digital de género como vértice de las desigualdades de las mujeres en el contexto de
la pandemia por Covid-19 / Claudia Ivette Pedraza Bucio
dirección a las brechas existentes. Esto implica un desplazamiento del eje de
la desigualdad: el acceso, uso y apropiación de las TIC se convierte en el punto
por el que pasan las otras desigualdades y las dispara en direcciones distintas
cuando se articula con los mecanismos de exclusión que enfrentan cada per-
sona en función de las características étnico-raciales, la clase socioeconómica,
la edad o el género, entre otras categorías sociales. Como vértice, la brecha di-
gital se convierte en resultado y causa de las trayectorias de desigualdad; por
ejemplo, la desigualdad económica determina la brecha digital de acceso, pero
a la vez, esta misma brecha aleja a las personas de la posibilidad de incorporar-
se a dinámicas nancieras, laborales o comerciales que les permitirían mejo-
rar su situación económica; la desigualdad educativa es condicionante para la
brecha digital de uso, pero al mismo tiempo, esta brecha no permite aprove-
char las oportunidades que a través de las TIC contribuyen a reducir las bre-
chas educativas.
Particularmente en este texto interesa abordar la brecha digital de géne-
ro, resultado de un orden social que, en primera instancia, limita los recursos
y derechos básicos para las mujeres, tales como la educación, el empleo remu-
nerado, la participación política. la salud, entre otros; y que además produce
una socialización diferenciada que condiciona el acceso, uso y apropiación de
la población femenina a las TIC. Con este n, en el siguiente apartado del tex-
to se describen las implicaciones del género en el análisis de la brecha digital; y
a partir de esto, se revisan los problemas potenciales que supone la brecha di-
gital de género en el contexto de la pandemia.
2. La incidencia del género en la brecha digital de las mujeres
Cuando hablamos de brecha digital de género, no solo nos referimos a las con-
diciones diferenciadas de acceso, uso y apropiación por parte de mujeres y
hombres (en tanto resultado de otras desigualdades) sino también a los condi-
cionantes socioculturales que inciden en los aprendizajes, aplicaciones y adqui-
siciones tecnológicas que los sujetos de género realizan en situaciones concretas
(Verges, 2012; Godínez 2016: Becerril, 2018).
En ese sentido, el análisis de la brecha digital conlleva un cuestionamiento
a la forma en que el género, como un orden social que estructura la desigual-
dad entre hombres y mujeres, moldea la cultura tecnológica al atravesar su
concepción, sus valores, sus usos y sus signicados relevantes (Braidotti, 2002;
Zafra, 2005; Wajcman, 2006). Desde esta perspectiva se reconoce que las di-
námicas de relación de los sujetos con las tecnologías reproducen el orden de
género, originando procesos de apropiación y socialización diferenciada. Dife-
rentes autoras han señalado que a través de las prácticas sociales situadas en
Logos / Año XLIX / Número 136 / ene-jun 2021 / pp. 9-22
13
las dinámicas de diferentes instituciones, (los medios, la familia o la escuela) se
legítima el imaginario de las mujeres como ajenas a las tecnologías (Castaño
Collado, 2010; Badillo, Esteban, y Vall-Llovera, M, 2012; Zapata, Arraíza, Silva
y Soares, 2017). Desde los primeros juguetes estereotipados que se les regalan
a las niñas (orientados a reproducir los roles de género) se marcan los meca-
nismos de exclusión que se incrementan a través de un currículo escolar don-
de las actividades tecnológicas no se consideran propias de la formación de las
mujeres, y se refuerzan con la ausencia de referentes femeninos ligados al que-
hacer tecnológico en los libros de texto, en los medios de comunicación o en la
publicidad orientada al consumo de dispositivos digitales.
Esta exclusión legitimada se expresa en diferentes niveles de la cultura tec-
nológica: la diferencia numérica y la poca visibilidad de la participación de las
mujeres en la producción de tecnologías, la desvalorización de los conocimien-
tos y las tecnologías que se consideran femeninos, la jerarquía de los tipos de
desarrollos tecnológicos que se consideran prioritarios, la banalización de las
prácticas digitales de la población femenina o las violencias recurrentes en los
entornos digitales. Es decir, los procesos de acceso, uso y apropiación de las TIC
de las mujeres presentan condicionantes que no se encuentran en las expe-
riencias de los varones y de las que no siempre dan cuenta las estadísticas. Hay
que señalar que las mediciones internacionales están orientadas hacia la co-
bertura, la disponibilidad de equipos y la calidad de la conexión, con la inten-
ción de establecer comparativos entre países a partir de porcentajes. Pero en
las diferencias porcentuales se encuentran los procesos diferenciados las expe-
riencias tecnológicas de mujeres y hombres en contextos concretos.
La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT, 2019) reporta que
mientras 58 % de los hombres en todo el mundo utiliza Internet, solo el 48 %
por ciento de las mujeres cuenta con esta conexión. La brecha es mayor en los
países menos desarrollados, con 13.9 % de mujeres conectadas, frente a 24.4 %
de los hombres. Así, los 10 puntos porcentuales de diferencia que se manies-
tan en casi todas las regiones revelan las desigualdades estructurales de género
compartidas por las mujeres en todo el mundo, pero a la vez obliga a reexio-
nar en lo que signica no estar conectada cuando se vive en un país u otro. Por
ejemplo, el porcentaje de mujeres sin acceso a Internet en Europa es de 25%,
mientras que en África asciende al 80 %. La gran diferencia entre ambas re-
giones no solo expresa la existencia de brechas económicas y educativas im-
portantes, sino que también apunta a preguntar qué necesidades de conexión
enfrentan las mujeres africanas en contextos de guerra, pobreza o hambruna,
signicativamente distintos a los que viven las mujeres europeas.
14 La brecha digital de género como vértice de las desigualdades de las mujeres en el contexto de
la pandemia por Covid-19 / Claudia Ivette Pedraza Bucio
En el caso del Continente Americano, la UIT destaca la paridad de género
en el acceso a internet, con 77.6 % de hombres conectados frente a un 76.8 %
de las mujeres en la misma situación. Pero estos optimistas indicadores se ele-
van por la presencia de países como Estados Unidos o Canadá, con altos nive-
les de conectividad, que no se comparan con los del resto del continente. Por
eso, se puede inferir que la calidad, velocidad o precio del Internet al que acce-
de una mujer en Estados Unidos es radicalmente distinto al que tiene una mu-
jer en Haití, el país más pobre del continente. Así, aunque el porcentaje hable
de paridad, desarrollar políticas regionales para atender la brecha digital de -
nero sin considerar las disparidades contextuales difícilmente benecia a las
mujeres con menores posibilidades de acceder a las TIC.
En función de estas disparidades, es necesario analizar la brecha de géne-
ro situando los datos en los escenarios de usos concretos de las mujeres, ya que
de otra forma los procesos sociales que determinan la exclusión permanecen
invisibles, para revelarse drásticamente solo en situaciones límite, como una
pandemia.
3. La brecha digital de las mujeres mexicanas
en el escenario de la pandemia por Covid-19
La pandemia por Covid-19 se manifestó en México a principios de marzo del
2020, trasladando una serie de dinámicas sociales a la virtualidad. La práctica
del home oce, las reuniones por videollamadas, las clases a distancia, las com-
pras en línea, la consulta de aplicaciones que difundían las medidas sanitarias,
se convirtieron en ejercicios necesarios para el mantenimiento de gran parte de
las actividades cotidianas, incluso para la población que no estaba acostumbra-
da al uso frecuente de las TIC. Con esto, se expresaron las drásticas brechas de
acceso, uso y apropiación de las tecnologías digitales, particularmente de las
mujeres, con una dimensión menos optimista que la presentada por las cifras
ociales previas a la contingencia.
Según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la
Información en los Hogares (ENDUTIH), en nuestro país existen 80.6 millones
de personas mayores de 6 años usando internet, lo que representa el 70 % de
la población. Pero cuando contar con internet se convirtió en clave para las ac-
tividades fundamentales como el trabajo o la educación tras la entrada en vi-
gor de las medidas de distanciamiento social, se mostraron los matices de este
70% conectado. De entrada, la desigual distribución: el hecho de que más de
la mitad de la población en las zonas rurales (53%) no contara con conexión
(frente al 24 % de la población en zonas urbanas), anticipó que los procesos
de clases a distancia acrecentarían las diferencias educativas existentes entre
Logos / Año XLIX / Número 136 / ene-jun 2021 / pp. 9-22
15
los dos tipos de zonas. Asimismo, que el servicio de Internet apenas cubriera
la mitad de la población de estados como Guerrero (51.3%), Oaxaca (48.9%) o
Chiapas (41.9%), planteó un probable aumento de los niveles de pobreza de es-
tas localidades, al dejar a gran parte de la población sin la oportunidad de tra-
bajar en línea, capacitarse, comercializar productos, etc.
En el caso de la población femenina, las cifras ociales señalan que del to-
tal de personas navegando por la red en el país, el 51.5% son mujeres (INEGI,
2019) Pero que exista una mayor cantidad de mujeres conectadas no signica
que son ellas quienes más se benecian de la red, y esto se observa al explorar
las condiciones concretas desde las cuales han tenido que adaptarse al uso de
las TIC ante las emergencias de la pandemia.
3.1 La relación circular entre la brecha económica
y brecha digital de acceso de las mujeres
Una de las primeras cuestiones que se surgió en la etapa inicial de la contingen-
cia sanitaria es que la conexión a través de los dispositivos celulares (recurren-
te en el 89% de la población usuaria), que previo a la pandemia se consideraba
ventajosa por permitir el acceso a Internet en cualquier momento y lugar, per-
día efectividad cuando gran parte de las actividades se realizaban a través de
la red. Es decir, cuando “cualquier momento” se convirtió en “casi todo el tiem-
po” y cuando “cualquier lugar” fue un lugar especíco: el hogar. Ejecutar las ac-
tividades laborales, educativas y sociales a través del dispositivo celular con los
datos móviles (la forma de conexión más común para la población mexicana)
resultó insuciente, lo que mostró la gravedad de la brecha de hogares sin cone-
xión a Internet: mudarse a la virtualidad, como lo sugerían las medidas sanita-
rias, no era opción para más de la mitad (56%) de los hogares del país (INEGI,
2019 a).
Parte de la explicación de la brecha digital de acceso de estos hogares recae
en el costo del servicio; aunque Internet se establezca como derecho en las le-
yes, para la mayoría de las familias mexicanas sigue constituyendo un lujo. El
estudio de Alliance for Aordable Internet” indica que 1GB de datos móviles
en México equivale al 2.03% del ingreso mensual promedio; sin embargo, en
los hogares más pobres el acceso a internet alcanza el 13.6% del gasto mensual
total (Derechos Digitales, 2017). De acuerdo con el Instituto Federal de Teleco-
municaciones (2019 a), las personas que habitan en un hogar con un ingreso
mayor que 27 mil pesos mensuales tienen una probabilidad 40.6 puntos por-
centuales más alta de usar el Internet que quienes habitan en un hogar con un
ingreso menor que $12,000 mil pesos mensuales. Si se considera que el ingreso
16 La brecha digital de género como vértice de las desigualdades de las mujeres en el contexto de
la pandemia por Covid-19 / Claudia Ivette Pedraza Bucio
mensual promedio en México es apenas superior a 6 mil pesos mensuales (Ob-
servatorio Laboral, 2019) y que el 53 % de la población se encuentra en el nivel
de ingreso más bajo (INEGI, 2019 b), se entiende la dicultad de los hogares pa-
ra mantener el servicio de acceso a la red.
Esta dicultad de se acrecienta cuando la jefatura de la familia está ocupa-
da por una mujer. La ENDUITH (INEGI, 2019 a) señala que el 48 % de los ho-
gares con jefatura femenina y el 47 % de los hogares con jefatura masculina no
tienen acceso a Internet; en ambos casos, la principal razón es la falta de re-
cursos económicos. Aunque solo hay un punto porcentual de diferencia entre
ambos tipos de familia, al considerar que la brecha salarial de género oscila en-
tre el 18.2% y 22.7% (INEGI, 2019 b), se entiende que mantener el hogar conec-
tado a Internet representa un gasto mayor para los familias encabezadas por
mujeres, que de acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos
y Gastos de los Hogares (ENIGH) representa el 28.7% de las familias del país
(INEGI, 2018), Es decir, en una cuarta parte de los hogares mexicanos el gasto
en el servicio a Internet es mayor, aunque paguen el mismo precio.
Pensar en la conexión a Internet como un gasto preferencial en este tipo de
hogares resulta complicado, considerando que la pandemia ha disminuido los
ingresos de las mujeres al afectar los sectores en los que ellas laboran de forma
mayoritaria. Las revisiones de la ONU (2020) indican que el 90 % de las mu-
jeres en el mundo trabajan en el sector de servicios o en el empleo informal, lo
cual las coloca en situación de inestabilidad, precariedad laboral y desprotec-
ción social. Los datos en México conrman la tendencia mundial. La ENIGH
indica que el 66.6% de las mujeres ocupadas no tienen contrato escrito en sus
empleos, y de esta población, cerca de la mitad (47.7%) viven en condición de
pobreza (INEGI, 2018). Asimismo, la Encuesta Nacional de Ocupación y Em-
pleo (ENOE), señalan que el 64.6% de los puestos de trabajo de las actividades
terciarias (comercio, servicios y turismo) son ocupados por mujeres (INEGI,
2019 b). Este sector, que es dónde se encuentra el mayor porcentaje de pobla-
ción ocupada femenina, es el que ha resultado más afectado por las medidas de
distanciamiento social. Esto se ha traducido en la caída de ingresos o el cierre
de negocios, que implica la reducción de sueldos o despidos de las empleadas.
EL INEGI (2020) señala que en 30.4% de los hogares algún integrante perdió
su trabajo como consecuencia de la crisis sanitaria y en 65.1% de las viviendas
los ingresos han disminuido durante la contingencia, con una especial afecta-
ción a las mujeres
Aun cuando la ejecución de estos empleos se traslade al escenario virtual,
las carencias de conexión o dispositivos como computadoras personales (por
no poseerlos o por tener que compartirlos con otros integrantes de la fami-
lia) diculta el cumplimiento de las jornadas laborales, poniendo en riesgo los
Logos / Año XLIX / Número 136 / ene-jun 2021 / pp. 9-22
17
empleos, aumentando las condiciones de precariedad y colocando a internet
como un bien incosteable. De esta forma, se genera un círculo vicioso: sin po-
sibilidades de pagar el acceso a internet se diculta la ejecución y el manteni-
miento de un trabajo; sin un trabajo, costear internet resulta imposible.
Esta imposibilidad aleja a las mujeres de la oportunidad de aumentar sus
competencias digitales, lo cual no es una desventaja menor al considerar que
más del 90 % de los trabajos en el mundo tienten un componente digital (UIT,
2019). Contar con habilidades digitales básicas se considera requisito para ac-
ceder a empleos mejor remunerados y con mayores condiciones de seguridad.
La Encuesta de Usuarios de Servicios de Telecomunicaciones (IFT, 2019 b) re-
porta que el 45% de las microempresas, 56% de las pequeñas y 61% de las me-
dianas externaron que el uso las TIC es fundamental para el desarrollo de sus
actividades productivas. Esto implica que los empleados y empleadas sepan,
mínimamente, manejar dispositivos, tengan conocimientos sobre el software
elemental y realicen las operaciones básicas en internet (crear una cuenta de
correo electrónico, usar buscadores y crear perles en línea). En las empresas
de mayor tamaño, el requisito de habilidades digitales especializadas aumenta.
La adquisición de competencias digitales básicas o especializadas requie-
re una inversión de tiempo de capacitación que las mujeres no siempre tie-
nen disponible y que en el contexto de la pandemia se ha visto drásticamente
reducido por el aumento de la carga de trabajo no remunerado (del hogar, del
cuidado de hijos e hijas, de labores asistenciales). Antes de la crisis sanitaria,
las mujeres de nuestro país dedicaban, en promedio, 66.5 horas semanales a
actividades de trabajo; de este total, el 67% correspondía a labores domésti-
cas no remuneradas y el 33% restante al trabajo asalariado. En contraste, los
hombres dedicaban 60.3 horas semanales al trabajo, 72% de destinado al tra-
bajo remunerado y 27.6% a las labores domésticas sin paga. Es decir, por cada
hora que ellos invertían en el trabajo no remunerado, las mujeres realizaban
tres (INEGI, 2018). Con las medidas de distanciamiento social, y al convertir al
hogar en el espacio laboral, educativo y de recreación, ha aumentado exponen-
cialmente la carga de trabajo para las mujeres. A esto se añade el trabajo re-
querido para la adaptación a la virtualidad, lo que hace pensar ya no en una
triple, sino en una cuádruple jornada: a las exigencias del trabajo doméstico, el
cuidado materno y el entorno laboral se suma el desarrollo de actividades vir-
tuales propias o ajenas, en tiempos y espacios compartidos. Con este panora-
ma la posibilidad de incorporarse a procesos de capacitación para el desarrollo
de competencias digitales se diculta, no solo pensando en las que se requieren
para atender las medidas sanitarias (clases, compras, reuniones en línea), sino
aquellas que permiten las mejoras salariales o educativas.
18 La brecha digital de género como vértice de las desigualdades de las mujeres en el contexto de
la pandemia por Covid-19 / Claudia Ivette Pedraza Bucio
3.2 Brecha de acceso, brecha de uso y deserción escolar
La combinación de la brecha de acceso debido a las limitaciones económicas y
de la brecha de uso derivada de la carencia de competencias digitales, ambas
agravadas por el contexto de la pandemia, revela un segundo impacto funda-
mental: la dicultad de acompañar los procesos educativos de otros integrantes
de la familia, que se maniesta en una deserción escolar importante, particular-
mente de las niñas (UNESCO, 2020).
De acuerdo con la Secretaría de Educación Pública, (SEP) la deserción en el
ciclo escolar 2019-2020 alcanzó un 10 por ciento de la matrícula de educación
básica y un 8%, de educación superior (Animal Político, 2020). Esto tiene una
correlación con la brecha digital de acceso de los hogares antes señalada. El IFT
(2019 a) indica que sólo el 19% de los hogares de estrato socioeconómico bajo
tiene conexión a internet y solo el 16% cuentan con una computadora mien-
tras que en las familias que pertenecen al estrato socioeconómico más alto la
cifra asciende a 90 y al 80% respectivamente. Esto signica que un 80% los
hogares con menos ingreso, sin conexión a internet y sin computadora, presen-
tan un riesgo de deserción escolar en el contexto actual.
A esto se añade la brecha de uso, referida a la carencia de competencias di-
gitales (del estudiantado o de quien encabeza la familia) para resolver proble-
mas técnicos, dudas, consultas de información y otras situaciones presentes en
las dinámicas de la educación en línea. Según la ENDUTIH (INEGI, 2019 a), el
47% de los hogares jefaturados por mujeres que no cuentan con computado-
ra, además de los motivos económicos, declaran segundo motivo de su caren-
cia el desconocimiento de la utilidad de la máquina (20.0 %) y como tercero
el no saber usarla (16.0%). Esta misma encuesta indica que, aunque el 87.5 %
de las mujeres que utilizan una computadora la usan para acceder a internet,
los rubros principales de actividad son entretenimiento, comunicación y ob-
tención de información. Actividades como la descarga de software o la produc-
ción de contenidos, que pueden ser complementarias para el acompañamiento
de los procesos educativos de hijos e hijas, son menos recurrentes. Por eso, en-
comiendas como enviar una tarea por correo, convertir una imagen al PDF o
escanear un ejercicio de la libreta pueden representar un desafío para las mu-
jeres menos conectadas, ya sea que ellas estudien o que estén acompañando
los procesos escolares.
En el caso de las estudiantes, se añade que también se les asigna parte del
trabajo doméstico aumentado por el connamiento (y en algunos casos, se les
conere como deber principal por encima del cumplimiento escolar). Lejos del
aprendizaje guiado por parte de profesores, sin el complemento del aprendizaje
entre pares y ocupadas en las tareas domésticas, la adquisición de competen-
cias digitales de las niñas y adolescentes las orienta a los usos básicos de entre-
Logos / Año XLIX / Número 136 / ene-jun 2021 / pp. 9-22
19
tenimiento, comunicación y búsqueda de información,; usos que, si bien son
importantes para su cotidianidad, no siempre alcanzan para revertir las con-
diciones de desigualdad educativa. De esta forma, al considerar a la educación
como un elemento para la movilidad social, la brecha digital de género dicul-
ta romper el círculo de exclusión, marginación y pobreza cuando impacta los
procesos educativos de quienes integran las familias de las mujeres.
Antes de la pandemia, el perl sociodemográcas de las mujeres menor
probabilidad de usar el Internet se caracterizaba por: tener un nivel educativo
máximo de primaria, habitar un hogar con un ingreso menor que $12,883 pe-
sos mensuales, dedicarse a las labores del hogar; y pertenecen al grupo de 55
años o más (IFT, 2019). Con excepción de la edad, la pandemia ha colocado a
una gran cantidad de mujeres en este perl, por lo que la brecha digital se con-
gura como un problema de atención prioritaria.
3.3 Los riesgos de quedarse fuera de las TIC
A la par de aumentar las brechas laborales y educativas, la brecha digital de gé-
nero impide la consulta, la difusión o la creación de información que permite
tomar decisiones (a través del consumo de noticias), gestar soluciones (a través
de requerimientos a los servicios ociales) o crear comunidad para transformar
condiciones de desigualdad (a través de las redes articuladas por las TIC). Estas
actividades resultan fundamentales para resolver parte de los problemas que se
han derivado de la contingencia sanitaria.
En primer lugar, la consulta de información a través de las TIC se convierte
en un factor diferenciador en la toma decisiones; pero carecer de la conexión a
internet o de las competencias para encontrar información conable, consul-
tar datos especializados o descartar noticias falsas aumenta las posibilidades
de que dichas decisiones pongan en riesgo la salud, el trabajo o la educación,
entre otras cosas. En medio de la infodemia que acompaña la crisis sanitaria
mundial, donde las noticias falsas no solo se distribuyen por las plataformas
digitales sino se extienden a través de la comunicación personal, la oportuni-
dad de vericar cualquier mensaje a través de portales, sitios ociales o medios
de comunicación digitales evita los riesgos de la desinformación.
Por otro lado, la brecha digital obstaculiza la consulta de portales y sitios
gubernamentales ociales que contienen los programas, apoyos y medidas re-
lacionados con derechos fundamentales, y que a lo largo de este año han sido
la principal fuente de difusión para las medidas de contención de la pandemia.
Los trámites ociales, los datos acerca de programas de apoyo, los mapas de
riesgo, la vericación rápida de contagio y otras soluciones prácticas a proble-
mas emergentes que se atienden a través de estos sitios web, quedan fuera del
alcance de las mujeres que no están conectadas, lo que aplaza su solución, las
20 La brecha digital de género como vértice de las desigualdades de las mujeres en el contexto de
la pandemia por Covid-19 / Claudia Ivette Pedraza Bucio
somete a una mayor burocratización y las expone al riesgo de los traslados pa-
ra acudir a resolverlos de manera presencial.
Por último, la brecha digital de género también diculta la participación de
las mujeres en las redes organizadas que a través de las TIC pelean por dere-
chos, generan comunidades de apoyo y colocan en la discusión pública sus in-
tereses fundamentales. Durante los últimos años, los movimientos de mujeres
organizadas a través de las plataformas sociodigitales han demostrado que la
articulación en redes, donde los nodos son las mujeres, las tecnologías y las or-
ganizaciones, pueden incidir en la visibilización y erradicación de las desigual-
dades de género. Durante los meses de pandemia, esto no ha sido la excepción:
las mujeres han utilizado las plataformas para contrarrestar discursos sexis-
tas gubernamentales, producir manuales para denunciar violencia doméstica,
generar redes de comercialización e intercambio, difundir servicios exclusi-
vos para mujeres relacionados con la salud, o promover ofertas y demandas de
trabajo. La imposibilidad de colocar, de propia voz, sus necesidades y deman-
das, así como de participar en estas redes de acción, apoyo y acompañamien-
to, mantiene la invisibilización, marginación y discriminación que dicultan el
ejercicio de una ciudadanía plena.
En consideración del panorama aquí esbozado, se considera que toda ac-
ción política para la contención y recuperación de la crisis socioeconómica del
Covid-19 debe contemplar la atención a la brecha digital de género como una
prioridad, a n de acelerar los procesos y aumentar las posibilidades de las
mujeres de reducir las brechas de desigualdad en todos los ámbitos.
Reexión nal
La pandemia por Covid-19 ha revelado y también ha aumentado las desigualda-
des estructurales que enfrentan las mujeres en su vida cotidiana, que no se re-
ducen a la imposibilidad de acceder, usar y apropiarse de las TIC. No obstante,
esta imposibilidad, que constituye la brecha digital de género, es el vértice des-
de el cual se puede incidir para modicar dichas desigualdades. Para las mujeres
y a las niñas, el acceso a Internet y el desarrollo de competencias digitales para
utilizar las TIC brinda la oportunidad de mejorar los niveles educativos, de en-
contrar empleos mejor remunerados, de participar activamente en la discusión
pública y articularse en redes para revertir las condiciones de desigualdad, dis-
criminación y violencia.
Si la atención a la brecha digital de género era una urgencia desde antes de
la pandemia, el contexto de la crisis sanitaria ha hecho impostergable el desa-
rrollo de programas, políticas públicas y medidas cooperativas para erradicarla
en sus tres dimensiones: acceso, uso y apropiación. En el contexto actual, esta
Logos / Año XLIX / Número 136 / ene-jun 2021 / pp. 9-22
21
brecha coloca a las mujeres en riesgo de pobreza, deserción escolar e invisibili-
zación. Pero como vértice también puede ser el eje que cambie la trayectoria de
desigualdad que enfrentan la diversidad de mujeres en nuestro país.
Finalmente, se considera que el análisis de la brecha digital de género no so-
lo debe servir para hacer evidente la forma en que se conguran las desigual-
dades previas o potenciales, sino, sobre todo para construir nuevas relaciones
de las mujeres con las tecnologías digitales; de forma que, además de tener ma-
yor posibilidades de enfrentar las consecuencias derivadas de cualquier catás-
trofe, puedan transformar las relaciones de poder que no les permiten acceder
a sus derechos, su bienestar y su vida digna.
4. Bibliografía
Alva de la Selva, A. (2015). Los nuevos rostros de la desigualdad en el siglo XXI: la
brecha digital. Revista mexicana de ciencias políticas y sociales, 60(223), 265-285.
Animal Político (2020), “SEP estima deserción de 10% en educación básica y 8%
en superior por la COVID. Consultado el 08/10/2020. Disponible en https://
www.animalpolitico.com/2020/08/sep-desercion-educacion-covid/
Badillo, N. S., Esteban, O. O., y Vall-Llovera, M. (2012). Romper la brecha digital de
género. Factores implicados en la opción por una carrera tecnológica. Athe-
nea Digital: revista de pensamiento e investigación social,12(3), 115-128.
Becerril, W (2018). Mujeres que codean: la apropiación tecnológica de estudian-
tes egresadas de Laboratoria en México. Controversias y concurrencias latinoa-
mericanas, 10(16), 67-75.
Braidotti, R. (2002). Un ciberfeminismo diferente. Debats, vol. 76, 100-117.
Collado, C. C. (2010). Género y TIC. Presencia, posición y políticas Barcelona: Edito-
rial UOC.
Crovi, D. (2008). Dimensión social del acceso, uso y apropiación de las TIC.Con-
tratexto, (016), 65-79.
Derechos Digitales (2017). Derechos de las Mujeres en Línea, resultado de la Evalua-
ción. Chile: Derechos Digitales.
Godínez, A. L (2016). Brecha digital de género: usos y apropiaciones de las TIC´s
en estudiantes adolescentes. Retos y posibilidades (Tesis de maestría). Mé-
xico: Facultad de Ciencias Políticas y Sociales-UNAM.
IFT (2019 a). Uso de las TIC y actividades por internet en México: impacto de las carac-
terísticas sociodemográcas de la población. México: IFT
IFT (2019 b). Encuesta de Usuarios de Servicios de Telecomunicaciones, Micro, Pequeñas
y Medianas Empresas”. México: IFT
INEGI (2018) Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares.Ciudad de Méxi-
co: Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
22 La brecha digital de género como vértice de las desigualdades de las mujeres en el contexto de
la pandemia por Covid-19 / Claudia Ivette Pedraza Bucio
INEGI (2019 a). Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de Infor-
mación en los Hogares. Ciudad de México: Instituto Nacional de Estadística y
Geografía.
INEGI (2019 b ). Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo . Ciudad de México: Insti-
tuto Nacional de Estadística y Geografía.
INEGI (2020), Encuesta Telefónica sobre COVID-19 y Mercado Laboral (ECOVID-
ML). Ciudad de México: Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
OCDE (2001). Understanding the digital divide. Paris: Organización para la Coopera-
ción y el Desarrollo Económicos: Paris.
OIT (2020) COVID-19 and the world of work: Impact and policy responses Organi-
zación Internacional del Trabajo, Consultado el 08/10/2020. Disponible en
https://www.ilo.org/global/topics/coronavirus/lang--en/index.htm
ONU (2020) UN Secretary-General’s policy brief: The impact of COVID-19 on women .
ONU. Nueva York: Organización de las Naciones Unidas.
Observatorio Laboral (2019) Carreras mejor pagadas. Secretaría del Trabajo y Pre-
visión Social. Consultado el 08/10/2020. Disponible en https://www.observa-
toriolaboral.gob.mx/#/
Peres, W., & Hilbert, M (2009). La sociedad de la información en América Latina
y el Caribe. Desarrollo de las tecnologías y tecnologías para el desarrollo, CEPAL,
Santiago de Chile.
Selwyn, N. (2004). Reconsidering political and popular understandings of the di-
gital divide. New Media and Society, 6(3), 341-362.
UIT (2019) ICTs, LDCs and the SDGs: Achieving universal and aordable Inter-
net in the least developed countries. Unión Internacional de Telecomunica-
ciones: Ginebra.
UNESCO (2020). El cierre de escuelas debido a la COVID-19 en todo el mundo afecta-
más a las niñas. Consultado el 08/10/2020.Disponible en https://es.unesco.
org/news/cierre-escuelas-debido-covid-19-todo-mundo-afectara-mas-ni-
nas#:~:text=Plan%20International%20y%20la%20UNESCO,precoz%20
y%20matrimonio%20precoz%20y
Verges, N. (2012). De la exclusión a la autoinclusión de las mujeres en las TIC.Mo-
tivaciones, posibilitadores y mecanismos de autoinclusión. Atenea Digial 12,3:
129-150.
Wajcman, Judy (2006). El Tecnofeminismo.Valencia: Cátedra.
Zafra, Remedios (2005). Netianas. N(h)acer mujer en Internet. Madrid: Lengua de
Trapo.
Zapata, C. B.; Arraíza, P. M.; Silva, E. F. D.; Soares, E. D. C. (2017). Desafíos de la
Inclusión Digital: antecedentes, problemáticas y medición de la Brecha Digi-
tal de Género.Psicología, Conocimiento y Sociedad,7(2), 121-151.